jueves, abril 12, 2007

Ciudadano del otro.

Menos mal que tengo dos mundos.

En el uno la horas nunca roncan
y se clavan a tempo puntiagudas.

En el otro la angustia es asustadiza
y el tiempo....bueno, el tiempo sólo depende.

En el uno hay gimnasios
con máquinas de levantar presentes.
Y cada uno elije su propio peso.
Y cada otro se acorazada orgulloso,
trabajando insistente su entrega
al dios del como sea.

En el otro hay de todo para picar,
hasta platos de renuncias fresquitas sazonadas.
También butacas mullidas en las que es fácil resistir,
teatros con sufrimientos travestidos,
montones de contradicciones en pelotas,
y operaciones indoloras de cambio de humor.

La entrada del otro es una sábana. De seda blanca. Reversible.

Y por eso me he convertido en fantasma.
Para poder llevar encima una puerta blanda

3 comentarios:

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=JLCGsZ542Y4

Mira esto oso polito.

Esther dijo...

pues, ahora que lo dices, es posible que yo habite también en dos mundos al más estilo platónico. Sólo que en el mío, las puertas son duras como la piedra, y si no, que se lo pregunten a mi cara...

nadie dijo...

Es bueno que la entrada al otro mundo sea reversible. Porque eso quiere decir que también puede ser una salida. Y viceversa, claro.