lunes, enero 09, 2006

Acornhoek

Acornhoek huele a frontera. Es un pueblo limítrofe entre Sudáfrica y ella misma. En tiempos del Apartheid marcaba una frontera interior entre la Sudáfrica reservada a los blancos y una de las reservas infames que, con el nombre de estados bantues, crearon para los negros. Hoy esa frontera ya no está pero se ve.

Acornhoek es un lugar imposible. La mayoría de la población vive tremendamente empobrecida. La mayoría es negra. Por el centro del pueblo pasa una carretera que lleva a los parques naturales privados más exclusivos del continente. En las casas de adobe, cemento y paja viven las personas. Los contrastes adornan las calles sin nombre. Hay un supermercado en el que mujeres descalzas y con niños a la espalda hacen su compra empujando un carro. Han caminado durante horas para llegar. Volverán andando con su saco de maíz en la cabeza. Casi no hay blancos en Acornhoek. Los turistas de colorines pasan de camino. Acornhoek es invisible.

En el supermercado me encuentro con Sara, la mujer de Karl. Sara es rubia, ojos azules, muy delgada, muy joven, cara de angel. Sonrie. Ella casi no habla ingles. Tampoco Shangaan (lengua local). Habla Afrikaans (idioma relacionado con el holandés del siglo XV). Yo no hablo Afrikaans, pero Sara me conoce y soy blanco. Karl es mecánico. Me ha arreglado el coche alguna vez y me lo ha estropeado otras muchas. Sara y Karl viven cerca del pueblo, en una propiedad muy cercada. Con alambres. Se sienten inseguros viviendo entre "ellos". Karl nunca ha entendido por qué vivo en Acornhoek. Yo, algunas mañanas, tampoco. El vive porque siempre vivió ahí. No tiene otro sitio y no le gustan "ellos". Pero ahora tiene un hijo con Sara, un hijo de cuatro meses. Su hijo tampoco tiene otro lugar.

Sara espera delante mío en la cola de la caja. Lleva a su hijo Julian en brazos. En un brazo. En el otro lleva una bolsa con varios paquetes de azúcar. La gente nos ignora curiosa. Dos niños descalzos y divertidos se acercan a pedir una moneda. "Mhulungu (blanco), one coin please". Sara se apresura y coloca su bolsa en la cinta de la caja. No puede sacar su monedero y me pide que sujete a Julian. El niño duerme placidamente arropado en una fina manta blanca y apoyado, mitad en el brazo de Sara y mitad en una pistola con un cañón largísimo que llega hasta el final de sus piernas. En una mano me coloca al bebe, en la otra, la pistola. Me insiste en que mientras ella paga no quite el dedo del gatillo. La cajera observa impasible el cuadro.

-Mhulungu, ¿usted no ha comprado nada?


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12 comentarios:

Azul dijo...

Que música señor...que música. Tus relatos siempre me llevan a otro sitio, realmente te transportan y casi miras a través de tus palabras.

Un biko fuerte!

De barro y luz dijo...

Demoledor el final...la pistola...
¿y no compraste nada?
Pero te llevaste la retina y el corazón llenos.
Muy bueno, sí señor.

Cattz dijo...

Nos tendrían que arrancar a todos la piel y la lengua. Entonces se vería que no somos tan distintos.

Nepomuk dijo...

Hala...¿a que hora tiene otro sentido lo de "venir con un pan debajo del brazo"?

Oye, que bien está esto...se me mueve el culo solo. (Me refiero a la música ¿eh? no seas enfermo)

DINOBAT dijo...

Cosas que pasan, aún en estos días, me gustó la manera con que escribes...

ella y su orgía dijo...

En tu relato sucede lo mismo que en las guerras: la gente se acostumbra a las cotidianidades más tremendas, y nada resulta extraño.


Abrazo orgiástico.

Hans dijo...

Impresionante, francamente. Me ha gustado mucho.

Wendyqueridaluzdemivida dijo...

Estoy "trabajando" y no puedo escuchar la canción...ñeñeñeñe.

La vida y la muerte, la inteligencia y la estupidez, lo grande y lo pequeño, tu y yo.

¿Me invitas a merendar?

El mundo está lleno de fronteras invisibles...

Un beso.

Juankar dijo...

Wendylinda!!!
¿Me estas llamando cacho muerto, estúpido enano? Entonces te invito.
Musuchurro con chocolate.

Hans, gracias. Asi da gusto. Bienvenido.

Ellita, a veces lo más extremo es simplemente llegar vivo al siguiente segundo
Abrazos extremos y orgias lindas

Dinobat, bienvenido tu también. Y siguen pasando. Y se acercan.

Nepomuk, mueve el culo niño que disparo!! Mimos.

Catzz...somos distintos. Mucho. Y lindos. Y sino mira esos ojitos amarillos con los que miras. Muacmiau!

De barro y luz. No pude ni pensar. Era la primera vez que ponía el dedo en un gatillo y me impresionó lo cerca que están antes y después de. Gracias por tus visitas. Muxux

Azul. Que bien que te guste la música y los relatos. A veces parece que se acumulara el gusto de otras personas entre las letras y me gusta más a mi también. Un placer que me leas.
Reketemuack

Wendyqueridaluzdemivida dijo...

¡¡jajajaja!! bueno, vale. Voy pa'llá.

Quería decir que la vida está llena de contradicciones, pero claro, con mi jefe tocandome "los cascabeles" y yo que no me entero, que no escribo si no que más bien escupo...

¡Bésame, tonto!

vitore dijo...

Es verdad lo curiosa que es la percepción de las cosas, incluso aunque estés fisicamente en el lugar donde éstas ocurren o dejen de ocurrir. Que terrible debió ser para la gente de Sudáfrica vivir bajo el Apartheid y qué terrible debe seguir siendo aunque politicamente éste haya desaparecido y los inocnetes creamos que ya todos son iguales allí. Muy buen post.

Anónimo dijo...

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