-¡¡Seguro que es tan tarde!! Porque está muy oscuro. ¿A que sí aita (papá)?
- Aita, ¿y nos podemos quedar a dormir aquí? Sin manta, ¿vale?
-Aita, yo me siento en el suelo ¿vale?. Está calentito. Y no hay hormigas.
- Hay estrellas. Hay mil. ¿A que sí, aita?
- Aita, ¿cómo se hace un cohete? Yo quiero un cohete para ir a las estrellas. Has estado tú en un cohete? ¿Y en las estrellas?
- Aita...¿Y quién vive en esa estrella roja de ahí? ¡¡Aita, jo, deja ya a Miren!. ¡Mírame aita!. En esa roja de ahí.
- Miren no entiende, ¿a que no aita?. Porque es pequeña y todavía no tiene años. Y yo tengo éstos, ¿a que sí, aita?. ¿A que ya no soy pequeño? ¿A que soy mediano, aita?... Aunque todavía no puedo conducir cohetes.
- Aita, ¿y los cohetes se chocan con los meteoritos?
- Son tan brillantes las estrellas... son muy preciosas, ¿a que sí?
- Aita, ¿qué es más precioso una estrella o un tesoro de los piratas?
....................................
- Aita, cuando me suba a las estrellas te bajo una. Para ti.
- Y también le bajo una a Ama. Para su casa.
-¿Y a tu hermana Miren no le vas a bajar una?
- Si ya, total para qué, ¡para que la chupe!
A Gladys, Pablo y Nerea
jueves, septiembre 21, 2006
martes, septiembre 12, 2006
Ojos vidriosos
Hay un vendedor de perdones en la calle de los quioscos.
Tiene la cara tiesa dura, y el pelo graso lacio.
No le penetran las razones punzantes, y le resbalan los vicios culpables
Abre a media mañana y se sienta en su silla balancín,
a esperar que lleguen los primeros arrepentidos.
Son fijos los diarios del remordimiento,
buscando perdones vistosos y con pocas páginas.
De usar rápido y tirar. De portada y resumen.
Después del aperitivo llegan los coleccionistas de perdones por fascículos,
perdones de ayer y de hoy con sus cajitas contenedoras a juego.
Perdones de tener todos y exponer. De vitrina y polvo.
Están también los de los perdones reciclables de múltiples usos,
los religiosos y facilitadores de perdones grupales,
los perdonavidas profesionales a por perdones de alta carga,
y los promiscuos y aprensivos en busca de perdón seguro.
Últimamente llegan bastantes a por perdones de este siglo,
con muchas palabras vacías y con espejito sonriente,
ediciones especiales para el autoperdón.
Y es al anochecer que llegan los del perdón impúdico.
Estos quieren perdones desnudos y lascivos,
perdones de posturas imposibles, para intercambiar,
para mirar, para revolver tripas y conciencias,
para agitar el deseo de tener más de uno.
Hoy me he acercado a su quiosco con los ojos vidriosos,
buscando un "perdón no se qué", blando pero arrojadizo.
Me he acercado tanto a su cara tiesa dura, a su pelo graso lacio,
que sólo ha tenido que susurrarme:
- Siéntate en esa silla y espera
- ¿Esperar a qué? - angustiado porque alguien me viera
- A que pasen las horas de la añoranza y te lleguen las de saber que cara tiene tu jodido perdón - ha respondido sin mirarme.
Tiene la cara tiesa dura, y el pelo graso lacio.
No le penetran las razones punzantes, y le resbalan los vicios culpables
Abre a media mañana y se sienta en su silla balancín,
a esperar que lleguen los primeros arrepentidos.
Son fijos los diarios del remordimiento,
buscando perdones vistosos y con pocas páginas.
De usar rápido y tirar. De portada y resumen.
Después del aperitivo llegan los coleccionistas de perdones por fascículos,
perdones de ayer y de hoy con sus cajitas contenedoras a juego.
Perdones de tener todos y exponer. De vitrina y polvo.
Están también los de los perdones reciclables de múltiples usos,
los religiosos y facilitadores de perdones grupales,
los perdonavidas profesionales a por perdones de alta carga,
y los promiscuos y aprensivos en busca de perdón seguro.
Últimamente llegan bastantes a por perdones de este siglo,
con muchas palabras vacías y con espejito sonriente,
ediciones especiales para el autoperdón.
Y es al anochecer que llegan los del perdón impúdico.
Estos quieren perdones desnudos y lascivos,
perdones de posturas imposibles, para intercambiar,
para mirar, para revolver tripas y conciencias,
para agitar el deseo de tener más de uno.
Hoy me he acercado a su quiosco con los ojos vidriosos,
buscando un "perdón no se qué", blando pero arrojadizo.
Me he acercado tanto a su cara tiesa dura, a su pelo graso lacio,
que sólo ha tenido que susurrarme:
- Siéntate en esa silla y espera
- ¿Esperar a qué? - angustiado porque alguien me viera
- A que pasen las horas de la añoranza y te lleguen las de saber que cara tiene tu jodido perdón - ha respondido sin mirarme.
lunes, agosto 21, 2006
Te digo. Un retrato
Hola. Me gusta mirarte.
Hace que no te veo. Y esa foto que me regalaste está tan seca...
Vengo a hacerte un retrato.
Primero la trama del fondo. Las lineas que me han traido hasta ti. Las rectas y las perpendiculares. Los meridianos y los paralelos del mundo que te conozco. Mira ésta que llega desde el otro lado del océano. Mira que trazo ancho me ha salido. Es por apretar el tiempo. ¿Y esa? ¡Vaya! Pocas veces me salen tan rectas. Es porque ésta la tiré sin pensarte. Como....como un deseo directo. Sí eso, sin curvas, sin espera que no se como decirte esto. No, no importa que te muevas. Cámbia de posición si estás incómoda. Las dibujo para verte más fácil. Son todas mías. No. No pueden sujetarte.
A ver.... Ahora ya. Si no te importa empiezo....por la raíces. Voy a mezclar colores. Ocre Addis Abeba, mar Uribe Kosta, fuego Mayarí.... y un lienzo blanco frio. Ahora mirarte tal como me llegas. El olor oscuro en espirales sobre tus hombros abiertos. Negro. Brotando sin permiso ni duda. Suelto hasta el más absoluto de los enredos. La extensión recién nacida del alma. Te ries... Sabes que me hipnotiza verte nacer.
Bien.... Voy con la intención. Dulce. Tan dulce que se te llenan los sueños de hormigas. También frágil y temblorosa. La voy a pintar como cuando me la cuentas. Una intención color...flan. Tan pendiente de entregas incondicionales, como de leche materna. Tan cubierta de azucar quemado por el sol de los días de ¿hoy qué comemos?, de los de a veces no se si quiero desaparecer.
Bueno... ya casi está. Sólo queda lo que dicen es lo más complejo de un retrato. Lo intento de un trazo. Pintarte la voz sin que quede atrapada. Sin que se pierda ni un sólo matiz entre los labios. Hacer que la boca dibuje toda tu música. Que recoja el espacio sinfónico entre las sílabas. Pintar el sonido mágico de cantarme a capela más de mil canciones.
Hace que no te veo. Y esa foto que me regalaste está tan seca...
Vengo a hacerte un retrato.
Primero la trama del fondo. Las lineas que me han traido hasta ti. Las rectas y las perpendiculares. Los meridianos y los paralelos del mundo que te conozco. Mira ésta que llega desde el otro lado del océano. Mira que trazo ancho me ha salido. Es por apretar el tiempo. ¿Y esa? ¡Vaya! Pocas veces me salen tan rectas. Es porque ésta la tiré sin pensarte. Como....como un deseo directo. Sí eso, sin curvas, sin espera que no se como decirte esto. No, no importa que te muevas. Cámbia de posición si estás incómoda. Las dibujo para verte más fácil. Son todas mías. No. No pueden sujetarte.
A ver.... Ahora ya. Si no te importa empiezo....por la raíces. Voy a mezclar colores. Ocre Addis Abeba, mar Uribe Kosta, fuego Mayarí.... y un lienzo blanco frio. Ahora mirarte tal como me llegas. El olor oscuro en espirales sobre tus hombros abiertos. Negro. Brotando sin permiso ni duda. Suelto hasta el más absoluto de los enredos. La extensión recién nacida del alma. Te ries... Sabes que me hipnotiza verte nacer.
Bien.... Voy con la intención. Dulce. Tan dulce que se te llenan los sueños de hormigas. También frágil y temblorosa. La voy a pintar como cuando me la cuentas. Una intención color...flan. Tan pendiente de entregas incondicionales, como de leche materna. Tan cubierta de azucar quemado por el sol de los días de ¿hoy qué comemos?, de los de a veces no se si quiero desaparecer.
Bueno... ya casi está. Sólo queda lo que dicen es lo más complejo de un retrato. Lo intento de un trazo. Pintarte la voz sin que quede atrapada. Sin que se pierda ni un sólo matiz entre los labios. Hacer que la boca dibuje toda tu música. Que recoja el espacio sinfónico entre las sílabas. Pintar el sonido mágico de cantarme a capela más de mil canciones.
sábado, julio 08, 2006
Barajas
Trànsito entre dos puntos terminales.
Terminal 4 meses de locura.
Mientras dejo atras sus edificios recientes, sus gentes entre despistadas y cabreadas y demasiadas maletas llenas de razones sin entregar, se me cruza una lagartija urbana a la que todo esto le importa un rabito.
¿Algun interpretador de cruces de lagartijas en terminales?
Terminal 1 mes de otra cosa linda
Al fondo se ven ya las luces de mi Malecòn. Y tambièn hay un hombrecillo con pantalones cortos que es clavadito a mis promesa de volver.
¿Algùn interpretador de recurrencias anuales?
Y ahora sòlo queda entregarme a tu rapto.
Dispuesto a que me abduzcas otro poquito, una vez màs, querida Habana.
Pd: ¿Algùn animador/a de cafeterìa en terminal 1?
Terminal 4 meses de locura.
Mientras dejo atras sus edificios recientes, sus gentes entre despistadas y cabreadas y demasiadas maletas llenas de razones sin entregar, se me cruza una lagartija urbana a la que todo esto le importa un rabito.
¿Algun interpretador de cruces de lagartijas en terminales?
Terminal 1 mes de otra cosa linda
Al fondo se ven ya las luces de mi Malecòn. Y tambièn hay un hombrecillo con pantalones cortos que es clavadito a mis promesa de volver.
¿Algùn interpretador de recurrencias anuales?
Y ahora sòlo queda entregarme a tu rapto.
Dispuesto a que me abduzcas otro poquito, una vez màs, querida Habana.
Pd: ¿Algùn animador/a de cafeterìa en terminal 1?
miércoles, junio 28, 2006
Una mirada y un botón
No digo que tú y yo nos entendamos,
sólo digo que tú, a veces, me miras bien.
Y lo digo porque te veo mirar centrado,
ni por encima del hombro releyendo deseos
ni perdida en el escote de mis excesos verbales.
No digo que tú y yo ójala nos desnudemos,
sólo digo que tú, a veces, me vistes mucho.
Y lo digo por el traje ignífugo de tus besos de adiós,
ni cubiertos pudorosos por vergüenza de unos labios,
ni desnudos de intenciones de abrigar esperanza.
Ni siquiera digo que tú y yo alguna vez.
Sólo digo que tú siempre que quieras.
Y lo digo por si encuentras un botón rojo perdido en tus manos,
que ni me busques urgente para coserlo a la piel,
ni lo apiles descuidado en el cajón de los botones de devolver.
sólo digo que tú, a veces, me miras bien.
Y lo digo porque te veo mirar centrado,
ni por encima del hombro releyendo deseos
ni perdida en el escote de mis excesos verbales.
No digo que tú y yo ójala nos desnudemos,
sólo digo que tú, a veces, me vistes mucho.
Y lo digo por el traje ignífugo de tus besos de adiós,
ni cubiertos pudorosos por vergüenza de unos labios,
ni desnudos de intenciones de abrigar esperanza.
Ni siquiera digo que tú y yo alguna vez.
Sólo digo que tú siempre que quieras.
Y lo digo por si encuentras un botón rojo perdido en tus manos,
que ni me busques urgente para coserlo a la piel,
ni lo apiles descuidado en el cajón de los botones de devolver.
jueves, junio 08, 2006
Sabor, saber y jodedera
Es 26 de Julio en Santa Clara. Se respira un calor tan exquisito, que el aire sabe dulzón. Dos guajiros saborean su habano en un banco de madera, en la plaza, a la sombra de un plátano. Amenaza tormenta. Nada se mueve mientras me acerco.
-Compadre, ¿saben ustedes de alguna guagua para Matanzas? -pregunto sin empujar las sílabas.
-Humm....no es fácil. Hoy es 26. Todo el mundo está en el mausoleo del Che. Con Fidel -Responde el guajiro vestido con mono azul. Tiene unos sesenta y cinco años y entredientes tintados de tabaco puro
-Vengo de allá. Parece que se suspende el discurso de Fidel. Por la tormenta que llega del norte. - apunto mientras me siento a su lado
-Ahhh....no es fácil....aquí tremendas tormentas que nos llegan del norte. Y tremenda lluvia del oeste -ríen a carcajadas. A compás.
- ¿Gallego? - afirma el segundo guajiro entre interrogaciones.
- Vasco - respondo en versión contestador automático
El segundo guajiro viste guayabera azul y pantalón gris de tergal. Se coloca el sombrero de paja y me explica que él tiene familia en Bilbao. Aguirre. Y que su bisabuelo llegó a Cuba y se encandiló de una prieta (negra) de Santiago. Reímos. Le explico que es ya el sexto Aguirre que encuentro. Y su respectiva prieta. Reímos. Y baila la brisa anunciadora. Aguadora.
-¡Pinche jodedor, el gallego es candela ¡Le gusta la jodedera!. No está de paso en Cuba- entre dientes y carcajadas, el primero
-Llevo un tiempo por aquí. Trabajando. En Guira de Melena, al sur de la Habana. -explico adelantando la pregunta
Los dos guajiros me cuentan ahora. El segundo siempre ha trabajado en el campo, en la zafra de caña, en un Central Azucarero en Sancti Espíritu. El primero es músico. Durante años tocó la guitarra en Varadero, en hoteles de turistas. A estas alturas, a los dos les ha llegado la jubilación, y a los tres una botella de ron blanco. Bebemos sin prisa, esperando que no llegue la guagua. Y entre cuento y cuento nos vamos confesando. Y pasa la tarde, y tampoco llega el agua.
- Y tú que has viajado por ahí, y puedes comparar entre mundos, cómo dirías que está de desarrollada Cuba....comparada con otros países latinoamericanos- pregunta el jubilado de músico.
-Compadre, ¿saben ustedes de alguna guagua para Matanzas? -pregunto sin empujar las sílabas.
-Humm....no es fácil. Hoy es 26. Todo el mundo está en el mausoleo del Che. Con Fidel -Responde el guajiro vestido con mono azul. Tiene unos sesenta y cinco años y entredientes tintados de tabaco puro
-Vengo de allá. Parece que se suspende el discurso de Fidel. Por la tormenta que llega del norte. - apunto mientras me siento a su lado
-Ahhh....no es fácil....aquí tremendas tormentas que nos llegan del norte. Y tremenda lluvia del oeste -ríen a carcajadas. A compás.
- ¿Gallego? - afirma el segundo guajiro entre interrogaciones.
- Vasco - respondo en versión contestador automático
El segundo guajiro viste guayabera azul y pantalón gris de tergal. Se coloca el sombrero de paja y me explica que él tiene familia en Bilbao. Aguirre. Y que su bisabuelo llegó a Cuba y se encandiló de una prieta (negra) de Santiago. Reímos. Le explico que es ya el sexto Aguirre que encuentro. Y su respectiva prieta. Reímos. Y baila la brisa anunciadora. Aguadora.
-¡Pinche jodedor, el gallego es candela ¡Le gusta la jodedera!. No está de paso en Cuba- entre dientes y carcajadas, el primero
-Llevo un tiempo por aquí. Trabajando. En Guira de Melena, al sur de la Habana. -explico adelantando la pregunta
Los dos guajiros me cuentan ahora. El segundo siempre ha trabajado en el campo, en la zafra de caña, en un Central Azucarero en Sancti Espíritu. El primero es músico. Durante años tocó la guitarra en Varadero, en hoteles de turistas. A estas alturas, a los dos les ha llegado la jubilación, y a los tres una botella de ron blanco. Bebemos sin prisa, esperando que no llegue la guagua. Y entre cuento y cuento nos vamos confesando. Y pasa la tarde, y tampoco llega el agua.
- Y tú que has viajado por ahí, y puedes comparar entre mundos, cómo dirías que está de desarrollada Cuba....comparada con otros países latinoamericanos- pregunta el jubilado de músico.
- ¡Oye chico, qué cosa más grande caballero! ¿Qué pregunta es esa que le haces? - increpa el segundo, zafreño azucarero en el Espíritu Santo
- ¿Cómo? ¿Que no puedo preguntar si me interesa?- el primero, encañonándonos con roncito y puro.
- ¡No me estés arriba de la bola, comemierda! Claro que puedes, asere. Vives en un país libre cual solamente puede ser libre, qué bolá. Pregunta, pero pregunta bien. Tendrás que decir al menos con qué mides desarrollo ¿no?. ¿Le hablas al gallego del nivel de ingresos, del nivel de alfabetización, del acceso a la educación, de oportunidades, o de que le hablas? - el campesino guajiro azucarero mientras nos sirve razón copada de ron cubano.
jueves, mayo 18, 2006
Letras rojas
Mikel era el padre. Él sostenía el libro.
Alaitz estaba sentada a la izquierda y Aner a la derecha... del padre
El libro tenía letras muy grandes y dibujos muy pequeños. Era un libro de ver y leer.
Aner había dicho que aquel era un libro muy importante.
-Aita, este es un libro muy importante. Tiene letras rojas. ¿Pone mi nombre?
Alaitz miraba fijamente al suelo. El suelo era de cuadritos de madera. Había un cuadrito que tenía un raja, y en la raja una hormiga. A Alaitz le gustaba el libro porque daba aire.
-Aita, este es un libro muy importante. Cuando pasas las hojas da aire.
El padre leía declamando todas las letras sin descanso. También las rojas.
El padre leía reclamando toda la atención sin descanso. También pasaba las hojas.
-Mikel, lleváis ya tres horas. Deja un rato a los críos. Ya aprenderán
-Van retrasados. No quiero que digan que los hijos del padre no pueden seguir al resto.
-Pero míralos. Están agotados. Ya querrán hacerlo algún día.... Míralos, tienen los ojos rojos.
-Claro. Claro que tienen los ojos rojos. Llevo un mes trabajando este libro. Y hoy ya están a punto de romper a.....leer.
Alaitz estaba sentada a la izquierda y Aner a la derecha... del padre
El libro tenía letras muy grandes y dibujos muy pequeños. Era un libro de ver y leer.
Aner había dicho que aquel era un libro muy importante.
-Aita, este es un libro muy importante. Tiene letras rojas. ¿Pone mi nombre?
Alaitz miraba fijamente al suelo. El suelo era de cuadritos de madera. Había un cuadrito que tenía un raja, y en la raja una hormiga. A Alaitz le gustaba el libro porque daba aire.
-Aita, este es un libro muy importante. Cuando pasas las hojas da aire.
El padre leía declamando todas las letras sin descanso. También las rojas.
El padre leía reclamando toda la atención sin descanso. También pasaba las hojas.
-Mikel, lleváis ya tres horas. Deja un rato a los críos. Ya aprenderán
-Van retrasados. No quiero que digan que los hijos del padre no pueden seguir al resto.
-Pero míralos. Están agotados. Ya querrán hacerlo algún día.... Míralos, tienen los ojos rojos.
-Claro. Claro que tienen los ojos rojos. Llevo un mes trabajando este libro. Y hoy ya están a punto de romper a.....leer.
martes, abril 25, 2006
Surrealismo y alargaderas
- Hemos quedado a las seis y media. Venite y hacés un poco de percu... - dice con las cejas afeitadas.
- Imagínate que lo que llevás es un cajón flamenco. Eso es lo que es... Pero lo que agarrás son cuatro placas de texturas que se funden en los cantos. Asimétricas al tacto. Y un círculo en la espalda de una de las placas que escupe sonido. Que canta a golpes. Vos sos el pulso de su vida vocal. - dice con pelo negro escarola.
- Anímate. Hay un megáfono. Yo llevo unos textos surrealistas. Con muchas letras que pintan cosas. Y los leo a quien pase. O que me los lean. La que pase. - insiste en una sonrisa sin afeitar y en bombacho con el tiro tobillero.
- Va a ser lindo. En el centro de la calle. Nerea viene disfrazada de. Y va a bailar. LLevamos un ampli negro que funciona. - pendula descalzo y saltarín con pies alternos
- Llegarán zancudos y malabaristas. Luego, en procesión, nos movemos hacia lo viejo. Y tocamos samba con los brasileiros. Quiero que estés.- susurra, con la cabeza semi inclinada por el peso del gusto al pedir, y sirviendo ganas en bandejitas con sies de chocolate.
Son las siete menos veinticinco. La tarde es invernal menos dos. Oscurece en la arteria central de la ciudad de sequedades. Espero, brevemente acompañado, en un banco cercano.
Llegan a lo lejos. Son tres que caminan separados ocupando calle. Ella viene disfrazada de. Y trae un megáfono. El llega descalzo, con bombacho de tiro tobillero, el pelo escarola, la sonrisa que brinda sies de chocolate y penduleando con un candomble (tambor uruguayo) en una mano y un ampli negro que funciona en la otra. Hay un tercero con cara de nada y abrigo hasta los pies. Trae dos libros grandes y paginosos.
Me besan con ganas. Me abrazan con presencia y van extendiendo el material por la calle. Sin orden, ocupando el máximo espacio posible. La gente camina esquivosa. Tratando de no relacionar su paso con nada, pero enredándose entre nuestras miradas y los hilos invisibles que dan forma al gigantesco escenario.
- ¿Como estás?. Va a ser bueno. Mira, traigo el ampli. ¿Creés que alguien en la calle me dejará enchufarme? No tengo alargadera. Pero pido. - asiente en semipregunta convencida.
Espero fuera mientras camina hacia la boutique de la esquina. Las puertas de cristal y las luces del escaparate iluminan el desconcierto de la dependienta. Ella vende complementos de piel y abrigos de lujo. El da saltitos mientras habla, con un ampli negro en la mano. Ambos gesticulan amables. Ella hace muecas sin parar.
Vuelve penduleando y sonriendo. Que no tenía alargadera. Que muy simpática. Que si puede se pasa a mirarnos. Que sigo preguntando. Que lo intento en la tienda de trajes de boda esa. Que qué frío ¿no?. Que porqué no tocamos algo o leemos algo surrealista mientras tanto. Le digo que me voy a tomar un café calentito. No le digo nada sobre el frío seco de la vergüenza ajena. Sonrío
Regreso un rato después, con el asombro descongelado y la vergüenza abrigada. Hay casi cien personas formando un corro enorme en el centro de la calle. Una alargadera largísima enchufa el ampli a una cadena de ropa de lujo. El hilo blanco sale de la puerta principal, entre el trasiego de tacones indiferentes. Un señor con barbas y gorra negra de lana, de estibador, toca desafinado el bajo eléctrico. Cara de nada lee poesías. Nerea baila de. Él toca candomble a lo suyo. Me ve apilarme con los curiosos y, manteniendo el ritmo con una mano, agarra el megáfono con la otra y me dice al oído:
-Maestro, arráncate al cajón que hoy la liamos
- Imagínate que lo que llevás es un cajón flamenco. Eso es lo que es... Pero lo que agarrás son cuatro placas de texturas que se funden en los cantos. Asimétricas al tacto. Y un círculo en la espalda de una de las placas que escupe sonido. Que canta a golpes. Vos sos el pulso de su vida vocal. - dice con pelo negro escarola.
- Anímate. Hay un megáfono. Yo llevo unos textos surrealistas. Con muchas letras que pintan cosas. Y los leo a quien pase. O que me los lean. La que pase. - insiste en una sonrisa sin afeitar y en bombacho con el tiro tobillero.
- Va a ser lindo. En el centro de la calle. Nerea viene disfrazada de. Y va a bailar. LLevamos un ampli negro que funciona. - pendula descalzo y saltarín con pies alternos
- Llegarán zancudos y malabaristas. Luego, en procesión, nos movemos hacia lo viejo. Y tocamos samba con los brasileiros. Quiero que estés.- susurra, con la cabeza semi inclinada por el peso del gusto al pedir, y sirviendo ganas en bandejitas con sies de chocolate.
Son las siete menos veinticinco. La tarde es invernal menos dos. Oscurece en la arteria central de la ciudad de sequedades. Espero, brevemente acompañado, en un banco cercano.
Llegan a lo lejos. Son tres que caminan separados ocupando calle. Ella viene disfrazada de. Y trae un megáfono. El llega descalzo, con bombacho de tiro tobillero, el pelo escarola, la sonrisa que brinda sies de chocolate y penduleando con un candomble (tambor uruguayo) en una mano y un ampli negro que funciona en la otra. Hay un tercero con cara de nada y abrigo hasta los pies. Trae dos libros grandes y paginosos.
Me besan con ganas. Me abrazan con presencia y van extendiendo el material por la calle. Sin orden, ocupando el máximo espacio posible. La gente camina esquivosa. Tratando de no relacionar su paso con nada, pero enredándose entre nuestras miradas y los hilos invisibles que dan forma al gigantesco escenario.
- ¿Como estás?. Va a ser bueno. Mira, traigo el ampli. ¿Creés que alguien en la calle me dejará enchufarme? No tengo alargadera. Pero pido. - asiente en semipregunta convencida.
Espero fuera mientras camina hacia la boutique de la esquina. Las puertas de cristal y las luces del escaparate iluminan el desconcierto de la dependienta. Ella vende complementos de piel y abrigos de lujo. El da saltitos mientras habla, con un ampli negro en la mano. Ambos gesticulan amables. Ella hace muecas sin parar.
Vuelve penduleando y sonriendo. Que no tenía alargadera. Que muy simpática. Que si puede se pasa a mirarnos. Que sigo preguntando. Que lo intento en la tienda de trajes de boda esa. Que qué frío ¿no?. Que porqué no tocamos algo o leemos algo surrealista mientras tanto. Le digo que me voy a tomar un café calentito. No le digo nada sobre el frío seco de la vergüenza ajena. Sonrío
Regreso un rato después, con el asombro descongelado y la vergüenza abrigada. Hay casi cien personas formando un corro enorme en el centro de la calle. Una alargadera largísima enchufa el ampli a una cadena de ropa de lujo. El hilo blanco sale de la puerta principal, entre el trasiego de tacones indiferentes. Un señor con barbas y gorra negra de lana, de estibador, toca desafinado el bajo eléctrico. Cara de nada lee poesías. Nerea baila de. Él toca candomble a lo suyo. Me ve apilarme con los curiosos y, manteniendo el ritmo con una mano, agarra el megáfono con la otra y me dice al oído:
-Maestro, arráncate al cajón que hoy la liamos
miércoles, abril 12, 2006
Alquimia
Llevo mucho probando.
He puesto a macerar fragancias apestosas con "adestiempos" y aburrimiento
He mezclado raspaduras de rechazo fresco y gotitas de ojera
He hervido miradas limón con pétalos marchitos de flor del horror
He recogido pelo de silencio y rocío lagrimoso de hastío e incomunicación
He destilado carencias profundas en botecitos con mordazas impuestas
He oficiado sacrificios con lo que queda tras tu sonrisa eterna
He cosido collages de seres perfectos que te hagan de espejo
Y no consigo dar con la fórmula adecuada
Y ya no se si lo que falla es el conjuro
o es que falla la intención.
¿Como puedo dejar de desearte sin herir de muerte el deseo?
He puesto a macerar fragancias apestosas con "adestiempos" y aburrimiento
He mezclado raspaduras de rechazo fresco y gotitas de ojera
He hervido miradas limón con pétalos marchitos de flor del horror
He recogido pelo de silencio y rocío lagrimoso de hastío e incomunicación
He destilado carencias profundas en botecitos con mordazas impuestas
He oficiado sacrificios con lo que queda tras tu sonrisa eterna
He cosido collages de seres perfectos que te hagan de espejo
Y no consigo dar con la fórmula adecuada
Y ya no se si lo que falla es el conjuro
o es que falla la intención.
¿Como puedo dejar de desearte sin herir de muerte el deseo?
lunes, marzo 27, 2006
Sequedades
Yo vivo donde me ocurre todo lo cercano. Convivo con todo "lo local", y con las gentes que lo construyen. Y entre las costuras que me tejen a lo cotidiano hay al menos tres hilos de percepciones:
- Lo que cuentan las visitas guiadas: el casco histórico, sus palacios, catedrales y su disposición medieval.
- Lo que valoran las visitas guiadas: el orden y la planificación, los servicios y sus zonas verdes, su excelencia ambiental y su alta calidad de vida.
- Lo que sólo aquí me atrevo a confesar: el hedor rancio que exhala y un fondo persistente de sequedad.
Lo rancio persiste invisible en el pasado acumulado. Son montoncitos de tiempo que pisas sin percatarte. Son baldosas de acuartelamiento militar y sede episcopal. Son calles con personas que pasean en ropa de domingo. Son miradas acartonadas que juzgan, insolentes, todo lo nuevo. Son terruños de protocolo tradicional que opinan. Sin que nadie les pregunte. Son hechuras que respiran sequedad. La del agua estancada. La de los museos de cera. La del frío que se queda.
En la rancia ciudad de sequedades hay un humedal. Frente a mi nuevo balcón. Los patos cuchara, las fochas y los ánades azulones anidan en sus tardes. Hay también una comunidad de escarabajos carábidos y varias libélulas amenazadas. Sus nombres no los cito por obvios motivos. En el sotobosque de un solitario robledal se esconde varios galápagos autóctonos y alguna "rana ágil". Ni asi consiguen escapar al peligro de extinción.
El humedal es también un oasis en las rutas migratorias. Ofrece tranquilidad y mucha comida a nómadas con alas. A nómadas sin papeles, sin país, sin ganas de tenerlo, sin necesidad de defenderlo. Algunos se quedan a pasar el invierno e incluso eligen estas lagunas para criar. Se de algún carricerín cejudo, varias garzas imperiales, dos o tres cercetas carretonas, un simpático avetorillo común y muchas espátulas que han pasado largas temporadas. Con algunos he compartido cafés y tardes de escucha. Aunque sólo nos veamos de lejos. En la cercanía del silencio y el oír cantar.
- Lo que cuentan las visitas guiadas: el casco histórico, sus palacios, catedrales y su disposición medieval.
- Lo que valoran las visitas guiadas: el orden y la planificación, los servicios y sus zonas verdes, su excelencia ambiental y su alta calidad de vida.
- Lo que sólo aquí me atrevo a confesar: el hedor rancio que exhala y un fondo persistente de sequedad.
Lo rancio persiste invisible en el pasado acumulado. Son montoncitos de tiempo que pisas sin percatarte. Son baldosas de acuartelamiento militar y sede episcopal. Son calles con personas que pasean en ropa de domingo. Son miradas acartonadas que juzgan, insolentes, todo lo nuevo. Son terruños de protocolo tradicional que opinan. Sin que nadie les pregunte. Son hechuras que respiran sequedad. La del agua estancada. La de los museos de cera. La del frío que se queda.
En la rancia ciudad de sequedades hay un humedal. Frente a mi nuevo balcón. Los patos cuchara, las fochas y los ánades azulones anidan en sus tardes. Hay también una comunidad de escarabajos carábidos y varias libélulas amenazadas. Sus nombres no los cito por obvios motivos. En el sotobosque de un solitario robledal se esconde varios galápagos autóctonos y alguna "rana ágil". Ni asi consiguen escapar al peligro de extinción.
El humedal es también un oasis en las rutas migratorias. Ofrece tranquilidad y mucha comida a nómadas con alas. A nómadas sin papeles, sin país, sin ganas de tenerlo, sin necesidad de defenderlo. Algunos se quedan a pasar el invierno e incluso eligen estas lagunas para criar. Se de algún carricerín cejudo, varias garzas imperiales, dos o tres cercetas carretonas, un simpático avetorillo común y muchas espátulas que han pasado largas temporadas. Con algunos he compartido cafés y tardes de escucha. Aunque sólo nos veamos de lejos. En la cercanía del silencio y el oír cantar.
miércoles, marzo 15, 2006
Baobab
"Thohoyandou", cabeza de elefante. Así llaman los Vha Venda a la capital de su territorio, al norte de Sudáfrica, en la frontera con Zimbabwe.
Dicen en Venda que en las montañas que rodean al Lago Fundudzi duermen los espíritus de los hechiceros que alumbraron a los Vha Venda. Nadie puede adentrarse a pie en este sagrado territorio. Las pisadas perturban el sueño de los ancestros. También el de la Pitón Gigante, diosa de la fertilidad. Ella vive sumergida en las aguas del lago. Un lago entre bosques de baobabs.
Dicen en Venda que, al principio de los tiempos, una hiena se enfadó con Dios. Por crearla fea. Por su cabeza enorme de perro loco. Por el tronco con joroba de bípedo anciano. Por sus patas cortas y desiguales. Por el color gris nada y las pintas marrones de leopardo desteñido. Por ser carroñera y compendio de despojos. Por su estúpida risa perruna. Por ser el remiendo amorfo de la creación. Dicen que Dios, avergonzado de su obra, le regaló a la hiena un árbol. Un baobab. Y que ésta, enfurecida, arrancó el árbol de raíz y lo plantó al revés. Por eso que los baobab parece árboles invertidos. Lo visible son sus raíces. La copa, sus ramas frondosas y su hojarasca, se esconden en lo invisible.
Dicen en Venda que el Gran Baobab (43 metros de circunferencia en la base y más de 4000 años de antigüedad) es el más anciano de la tierra. El gran baobab vive en su bosque, cerca del poblado de Sagole. Su corteza, lo visible, parece de piel de elefante. Lo invisible palpita vivo a sólo un rasguño de profundidad. La coraza más liviana de la creación. Dicen que en Sagole brota del subsuelo la magia, protegida por un bosque de seres brevemente acorazados.
Dicen en Venda que sólo quien soporta la rabia animal y la verguenza divina tiene ojos para lo invisible. Que sólo quien desentierra sus raíces es capaz de entender a quien mira más allá de su propio suelo.
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Dicen en Venda que en las montañas que rodean al Lago Fundudzi duermen los espíritus de los hechiceros que alumbraron a los Vha Venda. Nadie puede adentrarse a pie en este sagrado territorio. Las pisadas perturban el sueño de los ancestros. También el de la Pitón Gigante, diosa de la fertilidad. Ella vive sumergida en las aguas del lago. Un lago entre bosques de baobabs.
Dicen en Venda que, al principio de los tiempos, una hiena se enfadó con Dios. Por crearla fea. Por su cabeza enorme de perro loco. Por el tronco con joroba de bípedo anciano. Por sus patas cortas y desiguales. Por el color gris nada y las pintas marrones de leopardo desteñido. Por ser carroñera y compendio de despojos. Por su estúpida risa perruna. Por ser el remiendo amorfo de la creación. Dicen que Dios, avergonzado de su obra, le regaló a la hiena un árbol. Un baobab. Y que ésta, enfurecida, arrancó el árbol de raíz y lo plantó al revés. Por eso que los baobab parece árboles invertidos. Lo visible son sus raíces. La copa, sus ramas frondosas y su hojarasca, se esconden en lo invisible.
Dicen en Venda que el Gran Baobab (43 metros de circunferencia en la base y más de 4000 años de antigüedad) es el más anciano de la tierra. El gran baobab vive en su bosque, cerca del poblado de Sagole. Su corteza, lo visible, parece de piel de elefante. Lo invisible palpita vivo a sólo un rasguño de profundidad. La coraza más liviana de la creación. Dicen que en Sagole brota del subsuelo la magia, protegida por un bosque de seres brevemente acorazados.
Dicen en Venda que sólo quien soporta la rabia animal y la verguenza divina tiene ojos para lo invisible. Que sólo quien desentierra sus raíces es capaz de entender a quien mira más allá de su propio suelo.
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martes, marzo 07, 2006
El proyecto
Llevo varias semanas reuniendo todo lo necesario.
Una azada con el humor afilado para escarbar durezas.
Una pala de boca ancha para apilar segundos viejos.
Varios destornilladores de apretar estimas,
y una llave inglesa que traduzca todas mis versiones más originales.
La guadaña de segar desesperanzas que me regaló mi abuelo,
y las gafas "que bien te veo" de la difunta abuela avellana.
Tengo también tres saquitos de momentos libres sin germinar,
y varios semilleros de imágenes.
A dos de ellas les nacen tallitos con locuras.
A las últimas que soñé se les ven los futuros viajes.
Anteayer conseguí un "espantaquejas" con sombrero,
varias guías de caña para pasiones trepadoras,
y una bota de "vino para quedarse" que me regaló el frutero.
Ya está todo dispuesto.
Hay un terrenito con espacio libre,
y una casa con puertas abiertas para que corra el aire.
Hoy comienzo un huerto con nombre de proyecto:
Gogoak Berpiztu: Recuperar Las Ganas
Una azada con el humor afilado para escarbar durezas.
Una pala de boca ancha para apilar segundos viejos.
Varios destornilladores de apretar estimas,
y una llave inglesa que traduzca todas mis versiones más originales.
La guadaña de segar desesperanzas que me regaló mi abuelo,
y las gafas "que bien te veo" de la difunta abuela avellana.
Tengo también tres saquitos de momentos libres sin germinar,
y varios semilleros de imágenes.
A dos de ellas les nacen tallitos con locuras.
A las últimas que soñé se les ven los futuros viajes.
Anteayer conseguí un "espantaquejas" con sombrero,
varias guías de caña para pasiones trepadoras,
y una bota de "vino para quedarse" que me regaló el frutero.
Ya está todo dispuesto.
Hay un terrenito con espacio libre,
y una casa con puertas abiertas para que corra el aire.
Hoy comienzo un huerto con nombre de proyecto:
Gogoak Berpiztu: Recuperar Las Ganas
lunes, febrero 27, 2006
En minúsculas
Casi nada es lo que parece. Casi todas las puertas encierran lo no común. Casi nunca lo hemos visto todo. Casi todos los días me olvido de recordármelo. Casi. El único remedio contra la monotonía.
Enfrente vive una señora mayor y coja de las dos piernas. Anda sin doblar las rodillas. Se conduce lenta y curiosa. Espalda y cadera forman un ángulo agudo que coloca sus palabras unos centímetros por delante de sus piés. Tiene dos lunares. Uno en la frente y otro muy cerca de la comisura de los labios. Usa gafas con lupas.
- Buenas tardes. Es usted el nuevo vecino, ¿verdad?.
- Si, buenas tardes.
- Encantado de tenerle entre nosotros. Y no dude en llamar para lo que necesite. Estoy a su disposición. Por un caballero como usted está una dispuesta a ayudar en lo que haga falta.- hablando a unos centímetros de mis ojos.
- Gracias...- apurado y tratando de entender y salir pitando a la vez.
- Espere un segundo - manejando los espacios entre mi puerta y la escalera con sutil desesperanza. Necesito hablar con usted.
Entre nerviosa y decidida, alarga su mano y me entrega un papel doblado.
-Léalo, por favor -afirma con voz firme y ojos cómplices.
En collage. El texto es un collage de revistas variadas. Al principio sólo reparo en las caras de algunos famosos desfigurados a tijeretazos. Y pienso en la venganza de una telespectadora sepultada por las vidas de otros. En segunda mirada leo en silencio:
Enfrente vive una señora mayor y coja de las dos piernas. Anda sin doblar las rodillas. Se conduce lenta y curiosa. Espalda y cadera forman un ángulo agudo que coloca sus palabras unos centímetros por delante de sus piés. Tiene dos lunares. Uno en la frente y otro muy cerca de la comisura de los labios. Usa gafas con lupas.
- Buenas tardes. Es usted el nuevo vecino, ¿verdad?.
- Si, buenas tardes.
- Encantado de tenerle entre nosotros. Y no dude en llamar para lo que necesite. Estoy a su disposición. Por un caballero como usted está una dispuesta a ayudar en lo que haga falta.- hablando a unos centímetros de mis ojos.
- Gracias...- apurado y tratando de entender y salir pitando a la vez.
- Espere un segundo - manejando los espacios entre mi puerta y la escalera con sutil desesperanza. Necesito hablar con usted.
Entre nerviosa y decidida, alarga su mano y me entrega un papel doblado.
-Léalo, por favor -afirma con voz firme y ojos cómplices.
En collage. El texto es un collage de revistas variadas. Al principio sólo reparo en las caras de algunos famosos desfigurados a tijeretazos. Y pienso en la venganza de una telespectadora sepultada por las vidas de otros. En segunda mirada leo en silencio:
SOY UNA MOMIA
BUSCO AMIGOS
-Ehh....yo...mire, tengo media hora. ¿Quiere tomar un café?- sin capacidad de reacción ante una verdadera momia.
- No se apure....bebo café común. Sólo. Todas las momias lo hacemos. No se si sabe usted a lo que me refiero. - pregunta hablando solemne y segura. Con seguridad y presencia de momia.
- Pues no...- mientras la sigo a mi cocina.
No se sienta. Sus articulaciones no se lo permiten. Prefiere la posición natural extendida...de una momia, supongo. La observo intrigado mientras sorbe su café con exquisita finura. No se que decir pero no puedo dejar de mirarla.
-Mire. Se que esto le parece raro- arranca segura. Pero soy realmente lo que le digo. El faraón me eligió entre las más bonitas del lugar. Nunca preguntó nada. Me trajo a su corte y a su muerte me enterró con él en esta pirámide. - prosigue entre sorbo y sorbo. El se pudrió hace tiempo. Por mal embalsamado. Lo habrá olido usted cuando se encuentran en el ascensor. Yo, sin embargo, me he conservado intacta. He esperado mi momento y me he dejado encontrar.
Ahora sólo necesito amigos.
Paseo muchas tardes con la momia. Yo, aunque nunca me interesó la arqueología, he conseguido el sueño de todo egiptólogo. Ella, que siempre quiso decidir cuándo y quién debía profanar su secreto, ha encontrado un explorador amigo. Y los cafés del barrio, sin que nadie lo sepa, son breves y casuales testigos del trascurrir de la historia. En humanas minúsculas.
miércoles, febrero 22, 2006
¿Quo vadis?
¿Puedo mirarte hacer la maleta?
Elige calcetines gordos y jerséis de lana,
debe hacer mucho frío allá donde vas.
No. No iré a despedirte.
Te vas tan lejos de los días,
tan a esconderte de lo que quiero,
que se que no volverás.
Claro que ya partieron otros,
algunos viejos avergonzados
y muchos jóvenes bien morbosos.
El exilio interno está poblado de deseos,
cada uno tan libre, cada cual tan orgulloso,
cada uno tan especial....
Y no te olvides de tus libros de consejos,
los imprescindibles y los dedicados.
Yo no me los quiero quedar.
Dicen que hay sillas y mesas cojas
en los cafés oscuros del exilio,
y que sólo con lamentos vacíos,
son imposibles de calzar.
Elige calcetines gordos y jerséis de lana,
debe hacer mucho frío allá donde vas.
No. No iré a despedirte.
Te vas tan lejos de los días,
tan a esconderte de lo que quiero,
que se que no volverás.
Claro que ya partieron otros,
algunos viejos avergonzados
y muchos jóvenes bien morbosos.
El exilio interno está poblado de deseos,
cada uno tan libre, cada cual tan orgulloso,
cada uno tan especial....
Y no te olvides de tus libros de consejos,
los imprescindibles y los dedicados.
Yo no me los quiero quedar.
Dicen que hay sillas y mesas cojas
en los cafés oscuros del exilio,
y que sólo con lamentos vacíos,
son imposibles de calzar.
lunes, febrero 20, 2006
Todos lo hacen
Nunca me despertaba a las noches. Esta era mi frase orgullosa en las conversaciones sobre el dormir:
-Yo nunca me despierto, ni con una explosión. Una vez estalló una bombona de butano en el edificio de enfrente y todo el vecindario se enteró menos yo.
Cierto. Exagerado pero básicamente cierto. Una verdad de barrio. De las de café con pastas los domingos. Todo el mundo sorbe café y sabe que las explosiones despiertan a todos. Y todo el mundo mira las pastas y reconoce los sueños profundos a prueba de explosiones.
Nunca me despertaba a las noches. Esta es mi frase triste sobre lo que ya dejó de ser.
Eran las tres de la mañana. Fue un golpe sin eco. Y después gritos. Creo que fueron unas ocho o diez personas. Todas armadas. Todas de negro y con la cara cubierta. Me encañonaban y gritaban. Los puntos laser de sus infrarrojos se posaron en mi frente y mi pecho. Gritaban.
-¡Levántate de la cama hijo de puta! ¡Al suelo cabrón! ¡Al suelo! ¡No levantes la vista! ¡No levantes la vista o te reviento el cráneo!
-¡Donde está el resto! ¡Habla o te pateo el hígado!
-¡Quién más hay, quien mas hay!
-¡Dónde escondes las armas! ¡Habla hijo de puta!!
Hubo muchas patadas y manotazos. Hubo muchos más gritos y preguntas. Hubo también un señor que se identificó. Dijo que era secretario judicial. Aquello era un registro y yo estaba detenido. Tenía derechos. Murmuró una retáhila de la que yo fijé una sóla frase.
-Tiene derecho a permanecer en silencio
En aquel momento decidí que ese era el único derecho que quería ejercer.
El señor secretario me indicó que procedía al registro del cuarto. Yo debía observar. Un grito constante decía que si levantaba la vista me partía en dos. Debía de haber unas nueve o diez personas en un cuarto pequeño que compartíamos dos personas. Aquello duró varias horas. Se lo llevaron todo. También lo mío.
Me trasladaron esposado en un furgón, en cuclillas. Me gritaban y me golpeaban sin parar. Muchas horas de viaje. Golpes gritos y relatos. Se voceaban entre ellos lo que me esperaba. Cómo iba a probar la bolsa. Que tenían preparados los electrodos. Que les había jodido el fin de semana. Que me iban a joder la vida. Que me iban a joder. Que si me acordaba de cómo quedó tal, que si vi las fotos de cuál.
En los cuatro días que duró la incomunicación vi dos veces al forense. De camino a su despacho el agente que me acompañaba me susurró por primera vez:
- Si denuncias tortura te mato. Recuerda que te tenemos un par de días más.
El forense me examinó de oficio. Un breve historial sobre salud, ingresos y alergias. Un ¿te han tratado bien?, al que no respondí. Sólo bajé los ojos. En los días siguientes no pude ejercer ningún derecho. Tampoco el de permanecer en silencio. Me quebraron.
Dos días después me llevaron frente al juez. Fueron dos agentes diferentes a los de los días anteriores. Sonreían y bromeaban. Que no me preocupara.
-¿Vas a denunciar torturas?, me preguntó uno a la vez que me explicaba que su hijo estudiaba derecho y que las últimas vacaciones las pasaron en Perú. Y lo bonito que era Machu Pichu.
Ante mi silencio, me dio una palmadita y espetó:
-No te preocupes. No pasa nada. Total, todos lo hacéis.
El juez decretó libertad sin cargos. El interrogatorio fue breve. Mis respuestas concisas. Mi nombre se debió colar en alguna agenda inconveniente. Cosas del directo.
Denuncié torturas que archivaron por falta de evidencias. No quedó ninguna secuela. Sólo el recuerdo de lo que dejó de ser.
Yo nunca me despertaba a las noches. Ni siquiera para hablar dormido.
Yo siempre pude permanecer en silencio, hasta que aprendí que tenía derecho a hacerlo.
-Yo nunca me despierto, ni con una explosión. Una vez estalló una bombona de butano en el edificio de enfrente y todo el vecindario se enteró menos yo.
Cierto. Exagerado pero básicamente cierto. Una verdad de barrio. De las de café con pastas los domingos. Todo el mundo sorbe café y sabe que las explosiones despiertan a todos. Y todo el mundo mira las pastas y reconoce los sueños profundos a prueba de explosiones.
Nunca me despertaba a las noches. Esta es mi frase triste sobre lo que ya dejó de ser.
Eran las tres de la mañana. Fue un golpe sin eco. Y después gritos. Creo que fueron unas ocho o diez personas. Todas armadas. Todas de negro y con la cara cubierta. Me encañonaban y gritaban. Los puntos laser de sus infrarrojos se posaron en mi frente y mi pecho. Gritaban.
-¡Levántate de la cama hijo de puta! ¡Al suelo cabrón! ¡Al suelo! ¡No levantes la vista! ¡No levantes la vista o te reviento el cráneo!
-¡Donde está el resto! ¡Habla o te pateo el hígado!
-¡Quién más hay, quien mas hay!
-¡Dónde escondes las armas! ¡Habla hijo de puta!!
Hubo muchas patadas y manotazos. Hubo muchos más gritos y preguntas. Hubo también un señor que se identificó. Dijo que era secretario judicial. Aquello era un registro y yo estaba detenido. Tenía derechos. Murmuró una retáhila de la que yo fijé una sóla frase.
-Tiene derecho a permanecer en silencio
En aquel momento decidí que ese era el único derecho que quería ejercer.
El señor secretario me indicó que procedía al registro del cuarto. Yo debía observar. Un grito constante decía que si levantaba la vista me partía en dos. Debía de haber unas nueve o diez personas en un cuarto pequeño que compartíamos dos personas. Aquello duró varias horas. Se lo llevaron todo. También lo mío.
Me trasladaron esposado en un furgón, en cuclillas. Me gritaban y me golpeaban sin parar. Muchas horas de viaje. Golpes gritos y relatos. Se voceaban entre ellos lo que me esperaba. Cómo iba a probar la bolsa. Que tenían preparados los electrodos. Que les había jodido el fin de semana. Que me iban a joder la vida. Que me iban a joder. Que si me acordaba de cómo quedó tal, que si vi las fotos de cuál.
En los cuatro días que duró la incomunicación vi dos veces al forense. De camino a su despacho el agente que me acompañaba me susurró por primera vez:
- Si denuncias tortura te mato. Recuerda que te tenemos un par de días más.
El forense me examinó de oficio. Un breve historial sobre salud, ingresos y alergias. Un ¿te han tratado bien?, al que no respondí. Sólo bajé los ojos. En los días siguientes no pude ejercer ningún derecho. Tampoco el de permanecer en silencio. Me quebraron.
Dos días después me llevaron frente al juez. Fueron dos agentes diferentes a los de los días anteriores. Sonreían y bromeaban. Que no me preocupara.
-¿Vas a denunciar torturas?, me preguntó uno a la vez que me explicaba que su hijo estudiaba derecho y que las últimas vacaciones las pasaron en Perú. Y lo bonito que era Machu Pichu.
Ante mi silencio, me dio una palmadita y espetó:
-No te preocupes. No pasa nada. Total, todos lo hacéis.
El juez decretó libertad sin cargos. El interrogatorio fue breve. Mis respuestas concisas. Mi nombre se debió colar en alguna agenda inconveniente. Cosas del directo.
Denuncié torturas que archivaron por falta de evidencias. No quedó ninguna secuela. Sólo el recuerdo de lo que dejó de ser.
Yo nunca me despertaba a las noches. Ni siquiera para hablar dormido.
Yo siempre pude permanecer en silencio, hasta que aprendí que tenía derecho a hacerlo.
lunes, febrero 13, 2006
Algo me gusta de ti
Hay algo que me gusta de ti, amigo,
y no son tus ojos encendidos,
ni la risa desprendida y contagiosa,
ni la gravedad cálida con la que atrae tu pecho.
Hay algo que me gusta de ti, amigo,
y no son tus rizos locos anudando encuentros,
ni las noches desnudas acariciando,
ni el hacernos coletas con los desengaños.
Hay algo que me gusta de ti, amigo,
y no son tus escuchas sin preguntas,
ni los candiles con olor a palabra mágica,
ni los abrazos largos con dedos de beso.
Hay algo que me gusta de ti, amigo,
y no son tus merecemos sólo lo mejor,
ni tus seguro que juntos podemos.
Me he sentado a tu lado, y se que no es nada de eso.
Esto es lo que me gusta de ti, compañero:
Es el olor a casa abierta y soleada,
tu habitar sin pesar ni poseer,
el nunca echarte de más
aunque apenas nos podamos ver.
Es el balcón antiguo del que miramos,
el entrar sin llamar y quedarme a tu lado,
el sentir como miras sin medir el tiempo
y el mirarte peinar sin reproches nuestro silencio.
y no son tus ojos encendidos,
ni la risa desprendida y contagiosa,
ni la gravedad cálida con la que atrae tu pecho.
Hay algo que me gusta de ti, amigo,
y no son tus rizos locos anudando encuentros,
ni las noches desnudas acariciando,
ni el hacernos coletas con los desengaños.
Hay algo que me gusta de ti, amigo,
y no son tus escuchas sin preguntas,
ni los candiles con olor a palabra mágica,
ni los abrazos largos con dedos de beso.
Hay algo que me gusta de ti, amigo,
y no son tus merecemos sólo lo mejor,
ni tus seguro que juntos podemos.
Me he sentado a tu lado, y se que no es nada de eso.
Esto es lo que me gusta de ti, compañero:
Es el olor a casa abierta y soleada,
tu habitar sin pesar ni poseer,
el nunca echarte de más
aunque apenas nos podamos ver.
Es el balcón antiguo del que miramos,
el entrar sin llamar y quedarme a tu lado,
el sentir como miras sin medir el tiempo
y el mirarte peinar sin reproches nuestro silencio.
miércoles, febrero 08, 2006
Iragan Jauna
De la mano de Gacela y de algo que leí en su bitácora
Unax nunca miraba atrás. Mirar atrás es perseguir al pasado. Y al pasado nunca se le alcanza. Eso le contó su amama (abuela) en los cuentos de invierno, a la luz de la lumbre baja de Errota Berri (Molino Nuevo) el caserio familiar en Dima (Bizkaia).
- Amama, cuéntame lo de Iragan Jauna (el Señor Pasado), lo de cómo corre.
- Iragana Jauna, el pasado, es veloz, muy veloz. Corre y te mira divertido, Unax. No le sigas, nunca le sigas. Se sabe el camino del bosque. Conoce los sitios de Mari*, el atajo a su cueva y al manantial donde viven las lamiak.
-Pero amama, yo corro....Soy más rápido que Eneko, el chico mayor de las piernas largas que vive con izeko (tia) Miren. Amama, me tienes que ver correr
- Ahhh...entonces ¿Corres más rápido que Zumeltza, el arroyo que baja de Urkiola? ¿Y más rápido que Zezengorri, el diablo rojo de la cueva?
- ¡Si amama, mucho más, mucho más!
- Pues incluso así, Unax. El pasado siempre te espera sonriente a la sombra del siguiente roble peinandose los cabellos de viento. Y detrás de él más pasado, y más después....hasta los tiempos de Eneko Aritza.
Unax aprendió rápido. El camino del bosque, los pastos de invierno y la senda estrecha al mercado de Dima. Y cuando bajaba a recoger las cabras de su tio, nunca pisaba las huellas del día anterior. Repetir camino es perseguir el pasado.
*Mari, la Dama de Amboto, es la diosa suprema de la mitología vasca
Unax nunca miraba atrás. Mirar atrás es perseguir al pasado. Y al pasado nunca se le alcanza. Eso le contó su amama (abuela) en los cuentos de invierno, a la luz de la lumbre baja de Errota Berri (Molino Nuevo) el caserio familiar en Dima (Bizkaia).
- Amama, cuéntame lo de Iragan Jauna (el Señor Pasado), lo de cómo corre.
- Iragana Jauna, el pasado, es veloz, muy veloz. Corre y te mira divertido, Unax. No le sigas, nunca le sigas. Se sabe el camino del bosque. Conoce los sitios de Mari*, el atajo a su cueva y al manantial donde viven las lamiak.
-Pero amama, yo corro....Soy más rápido que Eneko, el chico mayor de las piernas largas que vive con izeko (tia) Miren. Amama, me tienes que ver correr
- Ahhh...entonces ¿Corres más rápido que Zumeltza, el arroyo que baja de Urkiola? ¿Y más rápido que Zezengorri, el diablo rojo de la cueva?
- ¡Si amama, mucho más, mucho más!
- Pues incluso así, Unax. El pasado siempre te espera sonriente a la sombra del siguiente roble peinandose los cabellos de viento. Y detrás de él más pasado, y más después....hasta los tiempos de Eneko Aritza.
Unax aprendió rápido. El camino del bosque, los pastos de invierno y la senda estrecha al mercado de Dima. Y cuando bajaba a recoger las cabras de su tio, nunca pisaba las huellas del día anterior. Repetir camino es perseguir el pasado.
*Mari, la Dama de Amboto, es la diosa suprema de la mitología vasca
viernes, febrero 03, 2006
Vervet
Hace ya meses del incendio que nos quemó la vida. Es final del invierno austral y todo está seco y chamuscado. En breve, la lluvia nos hará olvidar el color de la nada.
El incendio ha respetado la zona en la que tenemos la oficina. Un oasis de bosque intacto rodeado de cenizas. En él nos agolpamos los humanos residentes y los animales que decidieron no migrar. En él competimos por el espacio y la comida.
Hace calor invernal y hora de almorzar. Yo comito bajo un gigantesco Marula. Comitar es una sensación calurosa y nutritiva. Comer y dormitar a la vez, y a la sombra de un árbol. Comitar es vivir. Primer aprendizaje en la lista de habilidades sociales para sobrevivir en la sabana boscosa Sudafricana.
Mpatametse Mabelane, Tamy, mi compañero de trabajo, y autoproclamado instructor, comita a mi lado. Tamy tiene la costumbre de comitar mucho más horizontal. Es un profesional. Tamy es de Soweto, en Johannesburgo, la gran ciudad. Del bosque, no sabe nada. Lo supe el día que salió huyendo de un gigantesco insecto palo. Impresionante, pero tremendamente inmóvil e inofensivo. El insecto.
El Land Rover aparca a escasos cuatro metros. Forastero. Todo el mundo sabe que no se aparca junto a alguien que comita.
-Hola. Buenas tardes. -en Ingles con inconfundible acento USA.
-Hola. -en Spanglish con inconfundible acento vasco.
-....... -en silencio con inconfundible acento de Soweto.
-Soy Douglas. Douglas Mc Gregor. Soy Biólogo de la universidad de Maryland, en USA. Vengo a hacer un estudio sobre los efectos del fuego en el biotopo savanna-bush africana. También soy experto en elefantes. Busco un lugar donde pasar un par de meses.
Douglas: grande y rubio, chaqueta de camuflaje, sombrero memorias de Africa. Sonrisa cowboy, navaja y machete al cinto. Botas de cuero tres capas.
-........... -Tamy girando levemente la cabeza y pensado hacia mi:
1. No nos ha dicho el año en que se graduó ni el nombre de su novia. Yo paso. Habla tú con él que los blancos os entendéis mejor entre vosotros. Estáis todos locos. Se creerá que me voy aprender su nombre. Increíble manía de decir el nombre cada vez que conocéis a alguien. Si mereces la pena ya te lo preguntaré yo.
2. ¿Has visto a "cojo cabrón" en la rama?
- Lo mejor es que le preguntes a Elvis. Vive en la casa con tejado de uralita que hay al fondo. ¿Ves a aquellos niños jugando Jimba-Jimba (pasarse el balón y cuando a alguien se le cae el resto grita Jimba-Jimba)?. Son sus hijos. - yo, intentando ser amable mientras como aguacate.
- Gracias. Voy para allá.
- Espera. Has dejado el portón trasero del Land Rover abierto y las cuatro ventanillas bajadas. Yo las cerrarías. Esto está plagado de monos.
- ¿Mandriles?
- Sobre todo Vervet (monos grises con rabo largo y la cara negra. Muy graciosos durante el primer mes en el bush. Luego unos demonios saltarines).
- Bah!, será sólo un minuto. - Douglas haciendo de biólogo experto en Elefantes.
-.......- Tamy incorporándose y pensando hacia mí:
1. Un minuto. Too bad! (malo malo)
2. Esto no me lo pierdo. Se acabó comitar. Ahora mirar y disfrutar.
Tamy comienza a contar en alto. Quince, dieciséis.... "Cojo cabrón", el vervet líder del grupo de demonios de élite, ya ha llegado al portón trasero. Su otra gente está en las ventanillas. Poco segundos después la situación se torna crítica. Unos treinta o cuarenta vervets han desecho el equipaje sin desdoblar la ropa. La ansiedad les hace defecar y miccionar constantemente sobre asientos, camisas, comida, mapas, libros de elefantes y manuales de supervivencia.
"Cojo cabrón" cojea a gran velocidad con unos prismáticos colgados al cuello y una Nikon profesional arrastrada con elegancia. La subida al baobab es un poco menos limpia, para la cámara. Desde la rama más alta dirige las operaciones mientras trata de sacar fotos y mirar por los prismáticos a la vez. Unos metros por debajo la ropa y complementos para la vida salvaje corren libres en todas direcciones. Un vervet sediento consigue abrir un tetra-brick de zumo de papaya. La fruta madura es mucho mejor que el zumo de brick, asi que ¿porqué no echárselo por la cabeza?. Unos horribles calzoncillos boxer trepan por los brazos de una acacia.
Tras su minuto, Douglas regresa y palidece. Intenta correr en todas las direcciones a la vez. Los monos observan curiosos desde sus atalayas el desarrollo de un ataque de ansiedad agudo en un humano. El más habilidoso del grupo parece anotar sus impresiones en el cuaderno de campo de Douglas. Se escuchan risas y Jimba Jimba de banda sonora mientras los diablillos gritones hacen continuos solos de felicidad. Tamy y yo no ocultamos, ni queremos, las carcajadas africanas.
Avisar es obligatorio. Insistir es de mala educación. Segundo aprendizaje en la lista de habilidades sociales para sobrevivir a la sabana boscosa Sudafricana.
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El incendio ha respetado la zona en la que tenemos la oficina. Un oasis de bosque intacto rodeado de cenizas. En él nos agolpamos los humanos residentes y los animales que decidieron no migrar. En él competimos por el espacio y la comida.
Hace calor invernal y hora de almorzar. Yo comito bajo un gigantesco Marula. Comitar es una sensación calurosa y nutritiva. Comer y dormitar a la vez, y a la sombra de un árbol. Comitar es vivir. Primer aprendizaje en la lista de habilidades sociales para sobrevivir en la sabana boscosa Sudafricana.
Mpatametse Mabelane, Tamy, mi compañero de trabajo, y autoproclamado instructor, comita a mi lado. Tamy tiene la costumbre de comitar mucho más horizontal. Es un profesional. Tamy es de Soweto, en Johannesburgo, la gran ciudad. Del bosque, no sabe nada. Lo supe el día que salió huyendo de un gigantesco insecto palo. Impresionante, pero tremendamente inmóvil e inofensivo. El insecto.
El Land Rover aparca a escasos cuatro metros. Forastero. Todo el mundo sabe que no se aparca junto a alguien que comita.
-Hola. Buenas tardes. -en Ingles con inconfundible acento USA.
-Hola. -en Spanglish con inconfundible acento vasco.
-....... -en silencio con inconfundible acento de Soweto.
-Soy Douglas. Douglas Mc Gregor. Soy Biólogo de la universidad de Maryland, en USA. Vengo a hacer un estudio sobre los efectos del fuego en el biotopo savanna-bush africana. También soy experto en elefantes. Busco un lugar donde pasar un par de meses.
Douglas: grande y rubio, chaqueta de camuflaje, sombrero memorias de Africa. Sonrisa cowboy, navaja y machete al cinto. Botas de cuero tres capas.
-........... -Tamy girando levemente la cabeza y pensado hacia mi:
1. No nos ha dicho el año en que se graduó ni el nombre de su novia. Yo paso. Habla tú con él que los blancos os entendéis mejor entre vosotros. Estáis todos locos. Se creerá que me voy aprender su nombre. Increíble manía de decir el nombre cada vez que conocéis a alguien. Si mereces la pena ya te lo preguntaré yo.
2. ¿Has visto a "cojo cabrón" en la rama?
- Lo mejor es que le preguntes a Elvis. Vive en la casa con tejado de uralita que hay al fondo. ¿Ves a aquellos niños jugando Jimba-Jimba (pasarse el balón y cuando a alguien se le cae el resto grita Jimba-Jimba)?. Son sus hijos. - yo, intentando ser amable mientras como aguacate.
- Gracias. Voy para allá.
- Espera. Has dejado el portón trasero del Land Rover abierto y las cuatro ventanillas bajadas. Yo las cerrarías. Esto está plagado de monos.
- ¿Mandriles?
- Sobre todo Vervet (monos grises con rabo largo y la cara negra. Muy graciosos durante el primer mes en el bush. Luego unos demonios saltarines).
- Bah!, será sólo un minuto. - Douglas haciendo de biólogo experto en Elefantes.
-.......- Tamy incorporándose y pensando hacia mí:
1. Un minuto. Too bad! (malo malo)
2. Esto no me lo pierdo. Se acabó comitar. Ahora mirar y disfrutar.
Tamy comienza a contar en alto. Quince, dieciséis.... "Cojo cabrón", el vervet líder del grupo de demonios de élite, ya ha llegado al portón trasero. Su otra gente está en las ventanillas. Poco segundos después la situación se torna crítica. Unos treinta o cuarenta vervets han desecho el equipaje sin desdoblar la ropa. La ansiedad les hace defecar y miccionar constantemente sobre asientos, camisas, comida, mapas, libros de elefantes y manuales de supervivencia.
"Cojo cabrón" cojea a gran velocidad con unos prismáticos colgados al cuello y una Nikon profesional arrastrada con elegancia. La subida al baobab es un poco menos limpia, para la cámara. Desde la rama más alta dirige las operaciones mientras trata de sacar fotos y mirar por los prismáticos a la vez. Unos metros por debajo la ropa y complementos para la vida salvaje corren libres en todas direcciones. Un vervet sediento consigue abrir un tetra-brick de zumo de papaya. La fruta madura es mucho mejor que el zumo de brick, asi que ¿porqué no echárselo por la cabeza?. Unos horribles calzoncillos boxer trepan por los brazos de una acacia.
Tras su minuto, Douglas regresa y palidece. Intenta correr en todas las direcciones a la vez. Los monos observan curiosos desde sus atalayas el desarrollo de un ataque de ansiedad agudo en un humano. El más habilidoso del grupo parece anotar sus impresiones en el cuaderno de campo de Douglas. Se escuchan risas y Jimba Jimba de banda sonora mientras los diablillos gritones hacen continuos solos de felicidad. Tamy y yo no ocultamos, ni queremos, las carcajadas africanas.
Avisar es obligatorio. Insistir es de mala educación. Segundo aprendizaje en la lista de habilidades sociales para sobrevivir a la sabana boscosa Sudafricana.
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lunes, enero 30, 2006
El alma de Lahore
Lahore se guarda un secreto. Su corazón urbano palpita trepidante en el Punjab pakistaní, en la frontera con la odiada y deseada hermana India. Casi nueve millones de pakistaníes se beben sus latidos diarios. Con té y especias. Con "chaluar camise" ellos, un amplísimo pantalón anudado con un cordel en la cintura y un larga camisa hasta las rodillas. Con shari largo y pañuelo a la cabeza ellas. En las calles, muchos más ellos que ellas.
Las telas se agolpan en sus mercados imposibles. Las calles se estrechan y se retuercen plagadas de actividad. Los segundos circulan implacables en un caos de peatones, carromatos, burros, coches, bicicletas y motocarros. El tiempo parece deambular sin rumbo hasta posarse caprichosamente en cualquiera de sus esquinas plagadas de historia: la mezquita de Badshahi, una de las más grandes y hermosas del Islam, el fuerte de Lahore con su Sheesh Mahal (Palacio de los Espejos), o los jardines de Hazuri Bagh en los que, cada domingo, se reúnen poetas, rapsodas y cuentistas a tejer palabra a palabra la tradición oral punjabí.
El Samadhi (mausoleo) de Ranjit Singh, con su cúpulas doradas y sus balaustradas custodia las cenizas del Maharaja que durante años desafió a los británicos, convirtiendo al Punjab en el único estado en la zona no controlado por el "imperio de la civilización y la razón". Conocido como el León del Punjab, Ranjit Singh, seguidor de la religión Sij, creó un imperio multiétnico basado en la convivencia pacífica y la igualdad de derechos entre practicantes del hinduismo, musulmanes y sijs, religiones históricamente enfrentadas en la zona. Tras su muerte, la malgobernanza de su sucesor fue fielmente aprovechada por la corona de su graciosa majestad para traer el cristianismo y extender sus imperiales posaderas a golpe de sable y cañón.
Y sin embargo, el alma de Lahore no transita por sus calles ni se guarda en sus templos. La esencia de la ciudad vive en el ocaso del día. Al atardecer, hombres y mujeres suben a las azoteas para echar a volar sus sueños y anhelos en forma de cometa. Serpientes aladas, dragones, monstruos de cabeza amenazadora y colas multicolor pueblan los territorios del horizonte. Miles de hilos invisibles mantienen las almas unidas a la ciudad mientras el viento vespertino agita los deseos, infla las vanidades y entrelaza los futuros.
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Las telas se agolpan en sus mercados imposibles. Las calles se estrechan y se retuercen plagadas de actividad. Los segundos circulan implacables en un caos de peatones, carromatos, burros, coches, bicicletas y motocarros. El tiempo parece deambular sin rumbo hasta posarse caprichosamente en cualquiera de sus esquinas plagadas de historia: la mezquita de Badshahi, una de las más grandes y hermosas del Islam, el fuerte de Lahore con su Sheesh Mahal (Palacio de los Espejos), o los jardines de Hazuri Bagh en los que, cada domingo, se reúnen poetas, rapsodas y cuentistas a tejer palabra a palabra la tradición oral punjabí.
El Samadhi (mausoleo) de Ranjit Singh, con su cúpulas doradas y sus balaustradas custodia las cenizas del Maharaja que durante años desafió a los británicos, convirtiendo al Punjab en el único estado en la zona no controlado por el "imperio de la civilización y la razón". Conocido como el León del Punjab, Ranjit Singh, seguidor de la religión Sij, creó un imperio multiétnico basado en la convivencia pacífica y la igualdad de derechos entre practicantes del hinduismo, musulmanes y sijs, religiones históricamente enfrentadas en la zona. Tras su muerte, la malgobernanza de su sucesor fue fielmente aprovechada por la corona de su graciosa majestad para traer el cristianismo y extender sus imperiales posaderas a golpe de sable y cañón.
Y sin embargo, el alma de Lahore no transita por sus calles ni se guarda en sus templos. La esencia de la ciudad vive en el ocaso del día. Al atardecer, hombres y mujeres suben a las azoteas para echar a volar sus sueños y anhelos en forma de cometa. Serpientes aladas, dragones, monstruos de cabeza amenazadora y colas multicolor pueblan los territorios del horizonte. Miles de hilos invisibles mantienen las almas unidas a la ciudad mientras el viento vespertino agita los deseos, infla las vanidades y entrelaza los futuros.
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jueves, enero 26, 2006
Al entrar en casa: códigos y presencias
Mi nombre cantado. Desde donde estés.
- Ven y abrázame, por la espalda. Te tengo ganas.
Silencio vacío.
- No se si quiero verte, pero prueba.
Melodía continua sin texto y olor a incienso.
- Quiero que no me molestes.
Golpes desordenados. Hola sordo, sin final.
- Me estoy marchando y no te veo. Eres una baldosa.
Un roce blanco de sábana viva.
- Apresúrate. Tengo frío.
Quietud y segundos breves con peso.
- Tenemos que hablar. Hay varios caminos.
Rumor húmedo y vocales inundadas.
- El agua fresca se llevó el puente que unía nuestras orillas. Te quiero.
Oscuridad y el eco de mi propia mirada.
- Tu presencia ya no ocupa. Nuestros códigos se han hecho foto.
- Ven y abrázame, por la espalda. Te tengo ganas.
Silencio vacío.
- No se si quiero verte, pero prueba.
Melodía continua sin texto y olor a incienso.
- Quiero que no me molestes.
Golpes desordenados. Hola sordo, sin final.
- Me estoy marchando y no te veo. Eres una baldosa.
Un roce blanco de sábana viva.
- Apresúrate. Tengo frío.
Quietud y segundos breves con peso.
- Tenemos que hablar. Hay varios caminos.
Rumor húmedo y vocales inundadas.
- El agua fresca se llevó el puente que unía nuestras orillas. Te quiero.
Oscuridad y el eco de mi propia mirada.
- Tu presencia ya no ocupa. Nuestros códigos se han hecho foto.
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