miércoles, mayo 23, 2007

Emprender

¿Tiene usted problemas gestionando-se?
Se acabaron sus angustias.
Dedíquese a lo importante.

PERSONITAS
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PERSONITAS.
Porque sólo se vive una vez

lunes, mayo 21, 2007

Arkadas

La tarde delicada.
Como un pequeño elefante de cristal.
----
Había quedado con Memo en el Gran Bazar. Tomaríamos té y charlaríamos. Luego él vendería una o dos alfombras. O al menos una cazadora de cuero. Mejor a un turista americano. Tienen tanto miedo cuando pones cara seria de regatear. A las nueve cerraba. Hoy jugaba el Betsitkas. Había que llegar pronto al campo.

No fui. Me disculpé en voz alta y monté en un autobús urbano en dirección sur. Atravesamos Taksim. Luego viró en dirección a las barriadas de pisos obreros de los setenta. Cada pocas verjas se veían colgados retratos de Ataturk. Tan desteñidos...

Bajé cuando supe que estaba lo suficientemente lejos. Caminé en la primera dirección que se cruzó y llegué a una gran plaza con ocho edificios modernos de siete pisos y dos edificios de madera apuntalada. En la plaza había cinco grupos de mujeres vestidas de negro. Entre ellas picoteaban cientos de palomas vestidas de blanco. Caminé hacia ellas. La voces fueron apagándose a mi paso. Los batidos de alas fueron encendiéndose a mi paso. Crucé la plaza entre un griterío de silencios y alas.

En el soportal de uno de los edificios apuntalados un grupo de niños jugaban a la pelota. Sonrieron cuando puse cara de portero profesional. Y juguetón deseoso. Me metieron siete goles y paré un penalti. Se me rompió la manga de la camisa de echarme al suelo. Después hubo mucha más palabrería importante que yo me perdí. Discutieron.

El niño era moreno. También era el que parecía más joven. Me cogió de la mano y dijo:

- Arkadas.

Tiró de mi entre los puntales de madera y me llevo al interior de un patio. Subimos por unas escaleras podridas. Pisando sólo los bordes. Saltando los escalones idos. En el tercer piso entró en una subdivisión sin casi paredes. Había cinco sillas y una mesa pequeña. En el suelo de la esquina opuesta había dos colchones y un gran arcón de madera que hacía de cabecera. El niño abrió el arcón y sacó un pequeño soplete de soldadura, una barrita de cristal rosado y dos palillos. Me indicó que me sentara. Prendió el soplete. Se aplicó con el vidrio y los palillos. En unos segundos moldeó una diminuta figurilla que enfrió en el suelo. Luego me abrió la mano y la puso en mi palma. Era un elefante de cristal. Del tamaño de la uña de mi dedo menique. Con su trompa. Con sus dos orejotas y sus cuatro minúsculas patas.

- Arkadas -repitió sonriendo

Salió corriendo escalera abajo. Y yo le seguí hasta el parque de las mujeres y las palomas. Corrió hasta su posición en el juego del soportal y paró un fuerte chut.

Aquella noche ganó el Betsitkas 3-0 al Galatasaray

Kufilaw.wma

jueves, mayo 10, 2007

Ashila

Tanto tiempo sin visitar tu sobaco....
..........

Me gusta tu sobaco porque tiene 131 pelos
Y porque huele dulce.
Los pelos son blandos y acogedores,
me acarician las manos.

Me gusta tu sobaco cuando follamos,
por la seda que cae entre los dedos,
por oler dulzura mientras estas encima,
porque, mientras, me cabalgas desde abajo.

Me gusta tu sobaco
por resumen de placer,
crudo, dulce y seda,
por olores desde arriba
y empujes desde abajo.

viernes, abril 27, 2007

Menos pensado

El día menos pensado
te descubro hurgando
entre mis cientos de veces.

Y dime:

Entre todos los" nunca jamás"
clasificados por orden de importancia.
Entre los "para siempre" apilados
caóticamente junto a esas fotos.
Entre los "de aquí en adelante"
de las cajas de mudanzas,

Dime:

¿Has encontrado alguien
a quien pueda invitar a visitarme?

martes, abril 17, 2007

Cambio radical

Ya no me soporto más.
Mi año de vida es pura
obesidad mental.
Mórbida.

Tengo cara-nada monocolor,
con arrugas en los textos.
Entradas celulíticas.
Poca foto y letra barrigona.
Vínculos flácidos,
caídos hasta los pies.

Estoy dispuesto a lo que sea
por un alargamiento de nick.
Mostraré mi alma en ropa interior
por cirugía en la plantilla.

Necesito ciberujano, ciberujana.
Doy el perfil.
Que me seleccionen para
Cambio Radical

jueves, abril 12, 2007

Ciudadano del otro.

Menos mal que tengo dos mundos.

En el uno la horas nunca roncan
y se clavan a tempo puntiagudas.

En el otro la angustia es asustadiza
y el tiempo....bueno, el tiempo sólo depende.

En el uno hay gimnasios
con máquinas de levantar presentes.
Y cada uno elije su propio peso.
Y cada otro se acorazada orgulloso,
trabajando insistente su entrega
al dios del como sea.

En el otro hay de todo para picar,
hasta platos de renuncias fresquitas sazonadas.
También butacas mullidas en las que es fácil resistir,
teatros con sufrimientos travestidos,
montones de contradicciones en pelotas,
y operaciones indoloras de cambio de humor.

La entrada del otro es una sábana. De seda blanca. Reversible.

Y por eso me he convertido en fantasma.
Para poder llevar encima una puerta blanda

martes, abril 03, 2007

Eddie y los pelos de la ira

Son la una y media. Como todos los martes.
De las seis personas que se apelotonan entre el cuarto de estar y la cocina, tres son adultos. Una madre y dos hijos. Las otras tres personas son la tercera generación. Y como toda nueva generación, cambian rápidamente de posición. Corretean por aquí, se pelean por allá y lloriquean aquí o allá dependiendo de las ganas de ser oídos.

Eneko tiene trece meses y gatea. Mattin tiene cinco años y es muchas veces "monstruo monstruoso" y otras muchas "drama queen", el mago del "abracito por favor". Urko tiene cuatro años y lee letreros. Por ejemplo los letreros de los guardaservilletas: Ama, Mikel, Xabi, Aita (papá).

- Amama (abuela), y quién era en esta casa el aitite (abuelo)?.
- Aitite era aitite Jose. Ya sabes, el de la foto de la mesilla de la habitación de amama. -amama respondiendo con sonrisa en escorzo natural mientras calienta los macarrones
- Ahhh!! El que era muy gracioso, y que gano la copas de fútbol del armario, y le gustaba cantar en las comidas y que un día se murió andando? -Mattin releyendo su propio mapa mental-familiar
- Noooo!! Que no son copas de fútbol. Son copas de delantero -
Urko puntualizando entre guardaservilletas.
- Ñañañañaña.....! -Mattin dando lugar al estadio de cruce onomatopéyico monosilábico de los siguentes minutos

Hoy, además, hay corte de pelo. Xabi se lo cortará a su hermano Mikel con maquinilla en posición tres. Hace ya algunos años que ambos son autosuficientes en materia capilar. Llevan corte estilo rapa-altres. Por imperativo genético.

- ¡Mikel no te cortes el pelo, te vas a quedar calvo!, lloriquea Mattin apartando trocitos de bacon de entre macarrones.
- Me gusta el pelo corto. Mi atite decía que los calvos con melena son feos y dan pena. Y yo seré calvo pero no quiero ser feo. - Mikel añorando sus melenas
- Pues ya no me gustan los calvos. ¿Me perdonas estos macarrones?- Mattin aprovechando que todavía no sabe que el Pisuerga pasa por Valladolid

Media hora después Eneko ha gateado varias veces su exiguo universo. Y ha abierto muchos cajones a su paso. También ha rescatado diminutos objetos olvidados entre los utensilios más valiosos. Tras un reguero de hilos y trocitos de papel de ex-pergamino imprescindible, gatea con el botín restante entre la boca y una mano: una chapa antinuclear contra la central de Lemoniz, un pin con forma de guitarra negra que lleva la inscripción AC DC y una cinta regrabada con cinta aislante en las pestañas. En la solapa original se lee "El lobo. Felix Rodriguez de la Fuente". En la contra solapa se visualiza garabateado "Killers. Iron Maiden" y una foto diminuta de Eddie recortada de la revista Disco Play.

-Bueno, ¿qué os parece mi corte de pelo?. ¿A que estoy mucho mejor ahora?- Mikel recién duchado con pose photoshop y mejillas en adobe

Silencio general por desinterés. Xabi limpia la maquinilla. Amama lee el periódico. Eneko rechupetea la cara de Eddie y Urko mira juguetes en una revista vieja. Sólo Mattin se acerca y pide hablarle al oído.

- Xabi te ha cortado el pelo.... pero te ha dejado muy largas esas broncas tan grandes que tu echas.

viernes, marzo 23, 2007

Bourbonadas

Belén tenía los ojos muy negros. Y las cosas muy claras. La conocí una tarde de copas y viento. Rachas de bourbon huracanado agitaban compromisos. Hacían remolinos de palabras. Nos dejaron allí desnudos. En una calle casi anochecida de entresemana.

Llegamos a su bicicleta con parrilla. Me da miedo pedalear con viento dulce, dijo. Soy del mar, de brisa salada. ¿Me llevas?. Pedaleé de cara. Con sus brazos y pelo sueltos a mi espalda. Ese de la cristalera es mi portal. En el tercero está mi casa. Te invitaría a subir, pero hoy vivo sola.

Me senté un rato en el portal. A respirar lento y peinarme las ganas. Me vi la pinta reflejada. Deseos saltones y expectativas desencajadas. Me incorporé y pensé en llamarla. Había dos terceros en el portal de Belén. Tercero Izquierda: Jose María Melchor. Tercero Derecha: Jesús Gaspar. Volví al reflejo de mi cara y pensé que llevaba ya unos días con mal color.

miércoles, marzo 21, 2007

Memoria

Nieva sin parar.
Y dices que es algo extraño
que hoy me haya quedado.
Claro que me he quedado.
Totalmente en blanco.

jueves, marzo 08, 2007

El dia D

Ding Dong Ding...

Naciones Unidas informa a sus clientes
que pueden pasar por planta tres a recoger, gratis,
su micro-efemérides para el día de hoy.

Disfrute de 24 horas con los mejores deseos
para sus féminas, amigas, y asociadas.
Y recuerde: limpie regularmente su memoria
y no acumule solidaridades caducadas.

Podemos ayudarle a celebrarlo,
pero NO podemos olvidar por usted.

miércoles, febrero 21, 2007

Dudaltónica

Me levanto antes del alba
para poder verla dormir:
la boca entreabierta,
el charquito en la almohada,
y su ronroneo tan joven.

Se gira siempre tras el beso
y me oculta pudorosa la cara:
que no le nazca la luz,
que se estire en penumbra la nada.

Me siento a mirarla y pensar.
En que es jueves. En su ropa.
En si zumo de naranja zumo sólo,
o si con una media manzana.

Ayer fueron los pantalones,
anteayer la camiseta,
de manga corta o manga larga.
Hoy la duda viene mucho más pintada:

¿De qué color le pongo los calcetines
a mi recién nacida mañana?

martes, enero 30, 2007

Boulevard Vesaliusstraat

Vivíamos en Andreas Vesaliusstraat. Era un edificio viejo y solemne a tres alturas.
En cada piso tres manos. En cada mano seis personas. En cada persona un rellano.
Había una bandera multidescolorida sobre el dintel del portal. La bandera de Vesaliustraat.

- Vesaliustraat se pronuncia con uve labiodental. Uve sonora. Eso decía Deo Nguesso, lingüista exiliado del Lingala y refugiado en el Latín. También refugiado en el Griego, y el Francés. Y muchas otras lenguas. Y romances. Deo regresaba muchas noches a su Zaire natal. El Zaire del que huyó. Regresaba con su "exorcismo labiodental de Vesaliusstraat". Transformado en su archienemigo Mobutu Sese Seko1 (dictador del Zaire hasta 1997), se paseaba por el pasillo de casa embutido en una alfombra de piel de leopardo sintética. Repetía firme y con bastón de mando la entradilla solemne de todos sus discursos:

-Bamama Batata Bandeko. Soki Nalobi oyo ekoya eya.....

Deo repetía y reía. Repetía y recordaba. Repetía y lloraba. Repetir era su viaje imposible al pasado. Repetir era su perífrasis lingüística para poder vivir.

Vivíamos en Andreas Vesaliusstraat. El edificio de las tres alturas y las personas rellano. El edificio de la bandera multidescolorida y sin patria. Y en nuestro pasillo nocturno se mezclaban las repeticiones. Bery era de Bulabwayo, Zimbabwe. Y repetía canciones. Su habitación era una versión doméstica de la teoría del caos. Un caos con centro de gravedad. Cada átomo de materia servible o inservible gravitaba aleatoriamente alrededor de un viejo radio casete y varias cintas de noventa minutos. Cada cinta de noventa minutos tenía una canción repetida continuamente. Cada una ocupaba un año de vida de Bery. Aquel era el año de "Dirty Boulevard", Lou Reed.

Bery decía que nuestro edificio era como el "Wilshire Hotel" de Lou. Un tremendo cubo de basura útil en el que era difícil que nada te importara una mierda. "Its hard to give a shit these days" repetía mientras buscaba en su habitación un libro de magia que le permitiera volar lejos.

-Nada me importa en este basurero. Los importantes sois tú y Deo. Deo tiene que volver a casa. Tú te vas muy pronto. Y yo regresaré a Harare cuando todA esta mierda deje de gravitar. Me iré volando con Lou. Repíteme que vendrás a verme. Repítelo para que hoy tampoco te crea.

Era nuestro juego nocturno tras el exorcismo de Deo. Yo debía decir que un día aparecería en Harare sin avisar. Y llamaría a su puerta. El, al verme, haría sonar a Lou. Yo debía repetir convincente. El debía sonreír descreído.

Llegué una mañana a Harare. Varios años después. Localicé la antigua casa de Bery. Pero el ya no vivía allí. Volví varios días y repetí paseo por la barriada mugrienta. Fue en la quinta repetición, en mi último día en Harare que una señora con porte altivo me mandó llamar. Me escribió una dirección sin mediar palabra. Aquella misma tarde me acerqué. Llamé a la puerta. Nadie respondió. Tras repetir llamada circunvalé la casa buscando algún signo. Una ventana. Trepé unos metros y me asomé. Al otro lado del cristal, el caos gravitaba alrededor de un deslumbrante equipo de música.

Dejé una nota bajo la puerta principal sin dintel ni bandera:

-I was here. U were not. U may be fucking around with Lou. I know it´s hard to give a shit these days but, I still love U. ("Estuve aquí. No estabas. Quizá anduvieses por ahí vacilando con Lou. Se que es difícil que en esta época nada importe una mierda. Sin embargo yo todavía te quiero)

1 Mobutu Sese Seko Nkuku Wa Za Banga ("El guerrero todopoderoso que, debido a su resistencia y voluntad inflexible, va a ir de conquista en conquista, dejando el fuego a su paso")

viernes, enero 12, 2007

Dependencia

Esclavo de la carcajada.
Adicto a la risa.
Amante de espasmos.
Traficante de sonrisas.
Prostituto del humor.

Y cuando no encuentro a mi camello,
siempre me sirve un buen castor.

miércoles, enero 03, 2007

Babel y el tamaño

El tertuliano radiofónico. Carraspeando y con voz de "ahora escuche atentamente lo que digo":

- Aquel niño de Olot no podía expresarse correctamente en Castellano. Es inaudito. ¡El Castellano es la tercera lengua más hablada del mundo! Y este problema se repite en otros lugares con lenguas inútiles e irrelevantes. Como el País Vasco. El vascuence, una lengua que no sirven ni en su propio lugar de origen. Y ya se que esto no es políticamente correcto en los tiempos que corren.

Mi compañera de trabajo. Mirando con una ceja si y otra no:

- Zer ari dira esaten Euskarari buruz? (Qué están diciendo del Euskera?)

Mi compañero de trabajo. Respondiendo con media boca si y media no:

- Algo sobre la irrelevancia de las cosas que son menos que la tercera del mundo. Badakizu, milioiak zenbatzearen garrantzia (Ya sabes, la importancia de sumar millones)

He pasado página de un texto único. Es sencillo y directo. Pequeño y humilde. Me ha traspasado el pecho y me ha llenado de ganas y motivos para seguir divirtiéndome. Uno de esos trocitos de lucidez que alimentan utopías. Lo ha escrito un brasileño de nombre Marcos Arruda. Lo he leído como me ha llegado escrito. En catalán. Lo he comentado con mi gente. En Euskera. Mientras os lo cuento aquí, me llega un correo electrónico:

- Hi Juankar. I need to see you before the conference. What about meeting in London next weekend? Regards, Susan.

viernes, diciembre 22, 2006

La estrategia

Casi todas la mañanas amanecía en el tren. Leuven- Bruselas.

Bélgica es muy pequeño. Es tan pequeño que si te duermes te sales. Yo me salía todo el rato. Algunas veces a Alemania. Otras a Holanda. Bélgica es también muy oscuro. Es tan oscuro que el sol se ha aburrido de salir. Y la gente se ha aburrido de esperar, que es el peor de los aburrimientos. Bélgica es también muy silencioso. Es tan silencioso que se bosteza pero no se silba. Y menos en el tren.

Teníamos la estrategia perfectamente diseñada. El trayecto entre Leuven y Bruselas duraba veinte minutos. Eramos tres. Elena, delgada delgada, pequeña pequeña y muy nerviosa. Siempre vestía de negro con un sobrero redondo que le tapaba las orejas. Tenía la cara blanquita y un mechón pelirrojo. Movía la cabeza como un jilguero enjaulado. Parecía un animalillo.

Antxon, ancho ancho, gordote e hilarante. Siempre vestía de traje, con cinto y gabardina. Tenía la cara redonda y solemne. Modulaba su voz de bajo coral eligiendo cada sílaba. Era tan ocurrente que sus palabras tenían mofletes con hoyuelos. Parecía un gigante travieso disfrazado de señor mayor.

Y yo. Peludo peludo, ojos muy abiertos y eterno sonriente. Siempre vestía de cualquier forma pero tirando a camaleón desgarbado. Tenía fama de bailongo empedernido y de congeniar hasta con el diablo. A Elena le recordaba al último jipi vasco-mohicano y Anton insistia en que mi estilo era de maniquí de la boutique "Mecagüen la elegancia".

Tras varios meses en Leuven nuestra situación financiera era muy delicada. Elena había gastado todo su dinero en chocolate y tabaco. Anton en chocolate y viajes en coche alquilado para visitar a cierta damisela. Yo en chocolate y en el sabor de los más de quinientos tipos de cerveza belga. Ante semejante panorama Elena fumaba y se movía mucho más rápido de lo habitual. Anton propuso atar a Elena y denominarnos, a partir de entonces, "La Pandilla Puta Pena". Yo mientras tanto, diseñé un sistema de abastecimiento de bajo coste en supermercados con poca vigilancia.Y un certificado médico de cleptomanía aguda por si las moscas belgas.

Sin embargo, nuestro principal problema era el tren. Tres billetes diarios de ida y vuelta a Bruselas. Un esfuerzo de privación cacao-alcoholico-amoroso-nicotínico demasiado elevado. Así nació la estrategia. El sistema belga se caracteriza por su honestidad implacable. Y por su silencio institucional. Al acceder al tren escribes en tu ticket multiviaje el día, hora y destino. Cuando pasa el revisor sella la casilla correspondiente. Si la información no aparece escrita, te confisca el billete, detiene el tren y, sin mediar palabra, te apea en medio de la vía férrea.

Nuestra "Pandilla Puta Pena" subía en el vagón intermedio. La inspección podía llegar de cabeza, o de cola. Antxon y yo ocupábamos las puertas de acceso. Misión silbar y entorpecer. Nuestro "animalillo", veloz hasta escribiendo, quedaba con el ticket y el boli . Sólo para casos de grave emergencia. Con el inspector comenzaba el baile. Un silbido rompe bostezos nos empujaba hasta el vagón de cabeza, o de cola. La consigna: andar pausado, sonriente, acompasado. El último en entrar vigilaba el acceso. Elena sólo escribía si: revisión llega a vagón antes que vagón a estación. En caso contrario: se acaba la función.

Aquella mañana llegué disfrazado de Westmalle Tripel. No supe abrir los ojos. No despegue los labios. No hubo silbido ni bostezo roto. Sólo un grave: "Ticket alstublief" del revisor. Señalé a Elena que se había apresurado a sentarse junto a Antxon. En la cola del vagón. El revisor me indicó, índice en espalda, que le acompañara. Antxon y Elena cabizbajeaban en el asiento. Y al juntarnos se hizo la luz. "El animalillo" llevaba puestas sus gafas negras y palpaba el asiento buscando el ticket. Un ciega con gran esmero. Antxon alzó la cabeza. Tenía los ojos bizcos, sonrisa bobalicona y la boca entreabierta con mueca salivosa. Impresionante panorama para un revisor belga con sistema. Lo intentó durante unos minutos. Habló despacio. Utilizó flamenco, muecas, frances, y chapurreó inglés. Finalmente me palmeó la espalda, como sólo se le palmea a un sordomudo, y continuó por la puerta, impasible, hacia su rutinario destino.

Mientras desaparecía se oyó a un sordomudo apostillar emocionado:

-"Habrá que hacer.... una historieta de esto, ¿vale?"

miércoles, diciembre 13, 2006

Qué hay de lo mio

-Mire usted, fue un golpe militar. Ya se supone que esto tiene siempre aspectos violentos. Fue para dejar su tierra mejor de lo que la encontró. Quién no haya cometido algún exceso que conecte el primer electrodo, o aplique la primera bañera. Tirar la primera piedra deja marca.

El ilustre senador de la democracia secó el sudor de su frente y bebió agua. Llevaba algunos años con faringitis crónica. Producto del servicio público. Y de la razón a gritos. También de que mentiras y amenazas dejan una vibración culpable en las cuerdas. En las vocales. Un eco interno sordo, de gritos apagados. Gritos consonantes.

Se concentro en pensar mientras hablaba. Aceleró su verbo. Engulló palabras y terminaciones. Balbuceo fórmulas memorizadas. Lugares comunes, honras de funeral que acostumbraba a vaciar de contenido. Paz y respeto a los muertos. Progreso, justicia y democracia. Simultaneó su monólogo externo con un breve dialogo sincero con su propio miedo.

Pensó en sus términos. En sus habituales "Don Manuél, ¿qué hay de lo mio?". Miró de frente su propio funeral, con honores implícitos de ex-ministro de gobernación del régimen. Ex-firmante de condenas convenidas, de órdenes de abrir fuego contra personas armadas de razón.... Y respiró tranquilo. Amnistiar la desmemoria es, después de todo, la mejor fuente de históricos epitafios.

jueves, noviembre 16, 2006

Un poco más alto que el resto.

Eres un poco más alto que el resto. Ojos marrones claros. Poco pelo y mucha sonrisa. Las manos largas e inquietas. Te escucho disimuladamente. Hablas despacio. Saboreando cada palabra. Me acerco.

- Hola. Te he visto en el bar de antes. Llevamos tres rondas coincidiendo.
- Si... Yo también me he fijado - respondes.
- Estoy de poteo con los del trabajo. Un poco compromiso. ¿Tu?
- Je.... He coincidido con gente que hace años que no veía... ¿Cómo te llamas? - preguntas
- Ander. Soy Ander. Y me llaman... Ander... claro. ¡Qué chorrada acabo de decir!
- Yo soy Jairo. Justo como me llaman. Jairo - ríes
- Bo!. Nada. Que nos vemos en el siguiente... ¿Os quedáis por aquí?
- Estos se retiran ya. Yo igual me tomo otra. -
esperas
- Yo estoy a punto de escaquearme de este grupo....¿te vienes?
- Si. Te sigo.

Despedida y salgo apresurado. Se que te llevo detrás. ¿Me sigues?. Vale. Acelero el paso calle abajo. Miro y sonríes expectante. Comienza el juego.

Giro brusco frente a un coche rojo aparcado al final del Cantón de la Soledad. Me escondo. Te carcajeas mientras saltas a verme. A buscarme. A intentar tocarme. ¿A que no me pillas?. Caracoleo entre personas. Unas con bufanda, otras con carrito, otras en bici y compañía. Me sigues sin acabar de atraparme. A ritmo. A que llegue.

-¡Casa!
- Ya...
-¿Subes?
- Si

Me miras entretenido, y yo te quito el gabán beige. Me dices que beige es el color del universo. La suma de las luces de las doscientas mil galaxias que componen el cosmos. Y yo te desabrocho la camisa. Color blanca, mientras acaricio tu pecho. Enciendo los grifos del baño y vierto sales perfumadas. Para ponerte dentro. Me arrodillo a tu lado mientras desapareces en la espuma. Te baño los ojos y los labios, cada comisura del cuello. Resbalo por tu espalda con mis manos esponja. Suavemente no me detengo. Recorro tus pies, tobillos y rodillas. El fémur, la cadera y el sacro, su homónimo opuesto. Me entretengo remolón en la pelvis y rodeo en ascenso sin pudor tu pene ahora erecto. Un pasaje completo hasta tu yo desnudo y mojado. Un pasaje que llega a su fin en la gran toalla que ahora te cubre. En la toalla con la que te seco. Cada pliegue, cada poro, cada pequeño afán cutáneo de tu cuerpo entregado.

Me miras complacido y regalado. Complacido y agotado.

-¿Vienes a la cama?
- Si. Es tarde. Estoy reventado.
- ¿Cómo hacemos lo de mañana?
- No se....yo me encargo de los pasteles. Ya sabes, ella seguramente haga una de sus tartas.
- Vale...Yo tendré que ir a comprarte algo. Ya estoy aburrido de la retaila de todos los años. ""Parece mentira que seas tan poco detallista hijo mio. ¿Tampoco este año le regalas nada a tu hermano?""

Hace ya un año que estoy por aquí. Gracias por la compañía.
Eskerrik asko guztioi

jueves, noviembre 02, 2006

Esperanza, latón y polvo ocre

Está casi anocheciendo. Cruzo el cauce del río, arenoso y sediento. Es invierno austral. Invierno de rio seco. Se escuchan pájaros de tarde junto al marula desnudo que marca la entrada al pueblo. También se escucha un jadeo. Es Jurgen. Jurgen boca arriba. Jurgen cabello negro y bigote ancho. Jurgen empolvado color ocre suelo. Jadea acompasado. Y Katerina encima. Sonrío breve y me aparto. No quiero que piensen que espío.

Fueron casi nueve meses buscando. Doscientos setenta días sin respuesta. Y al final se nos acabó el tiempo. No conseguimos un sólo ingeniero de aguas en todo Sudáfrica. Ninguno que quisiera trabajar tan lejos de todo. Nadie que, además de vivir en el bosque del norte, lo hiciera por no demasiado dinero.

-Pues si no hay aquí dentro, alguno habrá ahí fuera- dijo Tinhiko Khosa, la administradora y adjunta al director.

Y hubo uno. Se llamaba Jurgen Swager. Alemán del este. Cara blanca y sonrisa cuadrada. Aceptó con muy pocas palabras. Todas las que sabía en ingles. Había trabajado en Kenia y en Tanzania. Sala, su mujer tanzana, y su perro Klaus vendrían con él. Ponía muy pocas condiciones: un lugar para vivir y una valla alrededor de su casa para que Klaus no corriera tras las gacelas, los facoteros o las jirafas. Pero hubo una más:

- No iré sin mi coche. Mi coche viene conmigo. Trabajo con mi coche. Está en Alemania.

Tratamos de convencerle. Durante varios minutos. Le ofrecimos un todo terreno a cuenta de la organizació. Duro y apto para las carreteras locales, de tierra y arena. Y dijo que era un hombre de palabra, y de idea firme. Su palabra: no. Su idea firme: nunca cambio de opinión cuando tengo una opinión.

Shakta Kwgedi, el director financiero, dijo que deberíamos pensarlo. Que traer el coche desde Alemania costaría muy caro. Que habría que fletarlo en un contenedor y mandarlo por barco hasta Ciudad del Cabo. Después conducirlo dos mil doscientos kilómetros por carretera hasta el pueblo. Dijo que habría que hacer cuentas y calcular la rentabilidad de la operación. Después dijo que algo había oído él a cerca de lo cabezotas que son los alemanes. Y para cuando acabo de decir todo esto, Jurgen hacía rato que había firmado el contrato.

Fueron casi nueve meses imaginando. Doscientos setenta días de larga espera. Por el pueblo corrían más de seis versiones diferentes sobre cómo era el coche. Circulaban varios bocetos a lápiz de su diseño aerodinámico y su ingeniería alemana. Todas nacían de las parcas descripciones que ofrecía Jurgen. Nada de Shangaan, poco ingles y menos gestos. Karl, amigo de Jurgen y autoproclamado mecánico sincrético del pueblo, se jactaba de poder dibujar con un palo en el suelo, el frente y alzado de la máquina. También apostaba doble contra sencillo al nivel de parecido con la realidad.

Mientras esperaba su coche, Jurgen sonreía inquieto y acumulaba cantidades inmensas de opiniones que nunca cambiaba. Y también un armario lleno de malentendidos. Él siempre decía que era ingeniero y no licenciado en habilidades sociales. Pegson Mokoena, el encargado de mantenimiento, le preguntó una vez si en la universidad de Alemania, donde quiera que eso estuviera, no daban clases sobre cómo hacer amigos.

Y llegó el día. Estaba casi anocheciendo. Un gran camión con remolque cruzó el cauce del río, arenoso y sediento. Era invierno austral. Invierno de río seco. Gentes del nuestro y otros pueblos se apelotonaban curiosos para ver el ingenio alemán del ingeniero. El conductor del camión levantó la lona protectora entre hipos y grititos.....

Era un coche....cuadrado. Totalmente cuadrado. Como el que dibujaría con tiza un niño de seis años. Marrón y chato. Tenía dos puertas, asientos de escai plastificado. Faros cuadrados. El volante estaba a la izquierda. Tremendamente exótico para un país acostumbrado a circular también por la izquierda. Alguien hizo el primer comentario afro-jocoso. Fue sobre la depurada ingeniería inversa alemana. Jurgen correteaba nervioso asegurándose de que el carro no había sufrido ningún desperfecto. Finalmente cogió la llave, subió, se acomodó en el asiento del piloto y encendió el contacto. Un largo brrrrrrrrmmm apagado ocultó la carcajada general que se quedó meses colgando de cada rama. Después un puff, puff, puff, puff , y ya nunca más nada.

Katerina nunca anduvo un sólo metro. Jurgen juró que la haría arrancar. Cada tarde se metía bajo ella a trabajaba largas horas. Todavía hoy, cuatro años después, suspira algunas tardes bajo su polvorienta amiga. Yo, a veces, le llevo una cerveza y le dejo que me cuente, una vez más, cómo esperó más de nueve años para que el gobierno de la antigua RDA le adjudicara el coche; cómo su mecánica es simple pero segura; y cómo él nunca irá a ningún lugar sin que le acompañe su esperanza cuadrada, forrada de latón marron y polvo ocre.

lunes, octubre 30, 2006

Mi Mad Mad me Meme

Me llegó un Meme de Mad.
Sí. Sí hay un músico memerable en mi vida.
Por todo estos años,
memerece:
Georgie Dann

1.- ¿Eres hombre o mujer? La barbacoa
2.- Descríbete: Malo pa la salud
3.- ¿Qué sienten las personas acerca de ti? Mi cafetal
4.- ¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental? Ay caray!
5.- Describe tu actual relación con tu pareja: El negro no puede
6.- ¿Dónde quisieras estar ahora? Carnaval Carnaval
7.- ¿Cómo eres respecto al amor? Cachete, pechito
8. ¿Qué pedirías si tuvieras un solo deseo? Acariciame
9. Escribe una cita o frase sabia: Por qué un pijama
10. Ahora despídete: Dale Dale

Dale Dale

jueves, octubre 19, 2006

Sonrió

Sonrió. Estaba tan cansado que decidió acostarse un rato. Un rato largo. Un rato tan largo que a cualquier observador impaciente le pareciese, al menos, una eternidad. Era temprano. Olía a luz y calor. Pero él tenía frío. Así que decidió tumbarse con su txapela. Llevaba boina desde hacía, por lo menos, otra eternidad.

Sonrió. Como hacía casi siempre. Como antes y después de casi todo. Pensó en su boina de paño y en el día en que salió del hospital. Hacía ya 60 años. Recordó el olor de la llegada. El olor al despertarse del sedante que le inyectaron en el manicomio. Recordó el olor de la salida, seis años después. Y el calor de su boina. La boina que tapaba el agujero de trépano en su cabeza. Recordó la mano del cirujano. Su estrecharla firme. Su sonrisa ansiosa y el agradecimiento por la operación. Lobotomía prefrontal. Único superviviente de un experimento múltiple con enfermos mentales. Salía extirpado y con la bicha que le acosaba desde el final de la guerra.

Nunca más pudo trabajar, ni entender ninguna obligación. Sólo sonreír. Y querer a esposa y cinco hijas sanas. Y luego muchos nietos. Y biznietos. Y ya nunca más la necesidad de escapar de nada. Ni de su propia risa. Se movió inquieto en la cama. Notó las piernas hinchadas y cerro los ojos.

Canturreó. Canturreó su canción de noche. Canturreaba horas y horas. Era su trampa urdida durante años. El señuelo infalible para el sueño esquivo. Oyó a su hija murmurar que no empezara otra vez. Oyó a su yerno decir que no se dice "catarrera", que es carretera. Sonrió. Recordó aquella catarrera por la que caminó. Con el fusil al hombro. Recordó caminar entre aviones negros. Y aunque ahora, con su lobotomía a cuestas se rieran de él, siempre supo que los aviones negros son los peores.

Caminó. Desde el frente del Ebro hasta casa. Caminó desde que supo que su padre había muerto, que su madre estaba sola y enferma. Que era tiempo de cosecha. Caminó aunque su compañero le gritó que no desertara. Sonrió. Un campesino no deserta nunca de su tierra. Ni de su madre Gregoria, su tatuaje en el antebrazo. Lo arrestaron meses después. La guardia civil por esconder un fusil. La policía militar por abandonar el frente. El médico militar por su loca cabeza superviviente.

Sonrió. Se le estaba enfriando el pecho. Canturreó y cerro los ojos. LLegaba el sueño. Estaba tan cansado que decidió dormir un rato largo. Tan largo que a cualquier observador impaciente le pareciera una eternidad .

Duerme bien, abuelo.
Sonríe, canturrea,
y dale seguido por la catarrera.

A mi abuelo Adrián.
5 Marzo 1916 - 18 Octubre 2006