martes, enero 30, 2007

Boulevard Vesaliusstraat

Vivíamos en Andreas Vesaliusstraat. Era un edificio viejo y solemne a tres alturas.
En cada piso tres manos. En cada mano seis personas. En cada persona un rellano.
Había una bandera multidescolorida sobre el dintel del portal. La bandera de Vesaliustraat.

- Vesaliustraat se pronuncia con uve labiodental. Uve sonora. Eso decía Deo Nguesso, lingüista exiliado del Lingala y refugiado en el Latín. También refugiado en el Griego, y el Francés. Y muchas otras lenguas. Y romances. Deo regresaba muchas noches a su Zaire natal. El Zaire del que huyó. Regresaba con su "exorcismo labiodental de Vesaliusstraat". Transformado en su archienemigo Mobutu Sese Seko1 (dictador del Zaire hasta 1997), se paseaba por el pasillo de casa embutido en una alfombra de piel de leopardo sintética. Repetía firme y con bastón de mando la entradilla solemne de todos sus discursos:

-Bamama Batata Bandeko. Soki Nalobi oyo ekoya eya.....

Deo repetía y reía. Repetía y recordaba. Repetía y lloraba. Repetir era su viaje imposible al pasado. Repetir era su perífrasis lingüística para poder vivir.

Vivíamos en Andreas Vesaliusstraat. El edificio de las tres alturas y las personas rellano. El edificio de la bandera multidescolorida y sin patria. Y en nuestro pasillo nocturno se mezclaban las repeticiones. Bery era de Bulabwayo, Zimbabwe. Y repetía canciones. Su habitación era una versión doméstica de la teoría del caos. Un caos con centro de gravedad. Cada átomo de materia servible o inservible gravitaba aleatoriamente alrededor de un viejo radio casete y varias cintas de noventa minutos. Cada cinta de noventa minutos tenía una canción repetida continuamente. Cada una ocupaba un año de vida de Bery. Aquel era el año de "Dirty Boulevard", Lou Reed.

Bery decía que nuestro edificio era como el "Wilshire Hotel" de Lou. Un tremendo cubo de basura útil en el que era difícil que nada te importara una mierda. "Its hard to give a shit these days" repetía mientras buscaba en su habitación un libro de magia que le permitiera volar lejos.

-Nada me importa en este basurero. Los importantes sois tú y Deo. Deo tiene que volver a casa. Tú te vas muy pronto. Y yo regresaré a Harare cuando todA esta mierda deje de gravitar. Me iré volando con Lou. Repíteme que vendrás a verme. Repítelo para que hoy tampoco te crea.

Era nuestro juego nocturno tras el exorcismo de Deo. Yo debía decir que un día aparecería en Harare sin avisar. Y llamaría a su puerta. El, al verme, haría sonar a Lou. Yo debía repetir convincente. El debía sonreír descreído.

Llegué una mañana a Harare. Varios años después. Localicé la antigua casa de Bery. Pero el ya no vivía allí. Volví varios días y repetí paseo por la barriada mugrienta. Fue en la quinta repetición, en mi último día en Harare que una señora con porte altivo me mandó llamar. Me escribió una dirección sin mediar palabra. Aquella misma tarde me acerqué. Llamé a la puerta. Nadie respondió. Tras repetir llamada circunvalé la casa buscando algún signo. Una ventana. Trepé unos metros y me asomé. Al otro lado del cristal, el caos gravitaba alrededor de un deslumbrante equipo de música.

Dejé una nota bajo la puerta principal sin dintel ni bandera:

-I was here. U were not. U may be fucking around with Lou. I know it´s hard to give a shit these days but, I still love U. ("Estuve aquí. No estabas. Quizá anduvieses por ahí vacilando con Lou. Se que es difícil que en esta época nada importe una mierda. Sin embargo yo todavía te quiero)

1 Mobutu Sese Seko Nkuku Wa Za Banga ("El guerrero todopoderoso que, debido a su resistencia y voluntad inflexible, va a ir de conquista en conquista, dejando el fuego a su paso")

viernes, enero 12, 2007

Dependencia

Esclavo de la carcajada.
Adicto a la risa.
Amante de espasmos.
Traficante de sonrisas.
Prostituto del humor.

Y cuando no encuentro a mi camello,
siempre me sirve un buen castor.

miércoles, enero 03, 2007

Babel y el tamaño

El tertuliano radiofónico. Carraspeando y con voz de "ahora escuche atentamente lo que digo":

- Aquel niño de Olot no podía expresarse correctamente en Castellano. Es inaudito. ¡El Castellano es la tercera lengua más hablada del mundo! Y este problema se repite en otros lugares con lenguas inútiles e irrelevantes. Como el País Vasco. El vascuence, una lengua que no sirven ni en su propio lugar de origen. Y ya se que esto no es políticamente correcto en los tiempos que corren.

Mi compañera de trabajo. Mirando con una ceja si y otra no:

- Zer ari dira esaten Euskarari buruz? (Qué están diciendo del Euskera?)

Mi compañero de trabajo. Respondiendo con media boca si y media no:

- Algo sobre la irrelevancia de las cosas que son menos que la tercera del mundo. Badakizu, milioiak zenbatzearen garrantzia (Ya sabes, la importancia de sumar millones)

He pasado página de un texto único. Es sencillo y directo. Pequeño y humilde. Me ha traspasado el pecho y me ha llenado de ganas y motivos para seguir divirtiéndome. Uno de esos trocitos de lucidez que alimentan utopías. Lo ha escrito un brasileño de nombre Marcos Arruda. Lo he leído como me ha llegado escrito. En catalán. Lo he comentado con mi gente. En Euskera. Mientras os lo cuento aquí, me llega un correo electrónico:

- Hi Juankar. I need to see you before the conference. What about meeting in London next weekend? Regards, Susan.

viernes, diciembre 22, 2006

La estrategia

Casi todas la mañanas amanecía en el tren. Leuven- Bruselas.

Bélgica es muy pequeño. Es tan pequeño que si te duermes te sales. Yo me salía todo el rato. Algunas veces a Alemania. Otras a Holanda. Bélgica es también muy oscuro. Es tan oscuro que el sol se ha aburrido de salir. Y la gente se ha aburrido de esperar, que es el peor de los aburrimientos. Bélgica es también muy silencioso. Es tan silencioso que se bosteza pero no se silba. Y menos en el tren.

Teníamos la estrategia perfectamente diseñada. El trayecto entre Leuven y Bruselas duraba veinte minutos. Eramos tres. Elena, delgada delgada, pequeña pequeña y muy nerviosa. Siempre vestía de negro con un sobrero redondo que le tapaba las orejas. Tenía la cara blanquita y un mechón pelirrojo. Movía la cabeza como un jilguero enjaulado. Parecía un animalillo.

Antxon, ancho ancho, gordote e hilarante. Siempre vestía de traje, con cinto y gabardina. Tenía la cara redonda y solemne. Modulaba su voz de bajo coral eligiendo cada sílaba. Era tan ocurrente que sus palabras tenían mofletes con hoyuelos. Parecía un gigante travieso disfrazado de señor mayor.

Y yo. Peludo peludo, ojos muy abiertos y eterno sonriente. Siempre vestía de cualquier forma pero tirando a camaleón desgarbado. Tenía fama de bailongo empedernido y de congeniar hasta con el diablo. A Elena le recordaba al último jipi vasco-mohicano y Anton insistia en que mi estilo era de maniquí de la boutique "Mecagüen la elegancia".

Tras varios meses en Leuven nuestra situación financiera era muy delicada. Elena había gastado todo su dinero en chocolate y tabaco. Anton en chocolate y viajes en coche alquilado para visitar a cierta damisela. Yo en chocolate y en el sabor de los más de quinientos tipos de cerveza belga. Ante semejante panorama Elena fumaba y se movía mucho más rápido de lo habitual. Anton propuso atar a Elena y denominarnos, a partir de entonces, "La Pandilla Puta Pena". Yo mientras tanto, diseñé un sistema de abastecimiento de bajo coste en supermercados con poca vigilancia.Y un certificado médico de cleptomanía aguda por si las moscas belgas.

Sin embargo, nuestro principal problema era el tren. Tres billetes diarios de ida y vuelta a Bruselas. Un esfuerzo de privación cacao-alcoholico-amoroso-nicotínico demasiado elevado. Así nació la estrategia. El sistema belga se caracteriza por su honestidad implacable. Y por su silencio institucional. Al acceder al tren escribes en tu ticket multiviaje el día, hora y destino. Cuando pasa el revisor sella la casilla correspondiente. Si la información no aparece escrita, te confisca el billete, detiene el tren y, sin mediar palabra, te apea en medio de la vía férrea.

Nuestra "Pandilla Puta Pena" subía en el vagón intermedio. La inspección podía llegar de cabeza, o de cola. Antxon y yo ocupábamos las puertas de acceso. Misión silbar y entorpecer. Nuestro "animalillo", veloz hasta escribiendo, quedaba con el ticket y el boli . Sólo para casos de grave emergencia. Con el inspector comenzaba el baile. Un silbido rompe bostezos nos empujaba hasta el vagón de cabeza, o de cola. La consigna: andar pausado, sonriente, acompasado. El último en entrar vigilaba el acceso. Elena sólo escribía si: revisión llega a vagón antes que vagón a estación. En caso contrario: se acaba la función.

Aquella mañana llegué disfrazado de Westmalle Tripel. No supe abrir los ojos. No despegue los labios. No hubo silbido ni bostezo roto. Sólo un grave: "Ticket alstublief" del revisor. Señalé a Elena que se había apresurado a sentarse junto a Antxon. En la cola del vagón. El revisor me indicó, índice en espalda, que le acompañara. Antxon y Elena cabizbajeaban en el asiento. Y al juntarnos se hizo la luz. "El animalillo" llevaba puestas sus gafas negras y palpaba el asiento buscando el ticket. Un ciega con gran esmero. Antxon alzó la cabeza. Tenía los ojos bizcos, sonrisa bobalicona y la boca entreabierta con mueca salivosa. Impresionante panorama para un revisor belga con sistema. Lo intentó durante unos minutos. Habló despacio. Utilizó flamenco, muecas, frances, y chapurreó inglés. Finalmente me palmeó la espalda, como sólo se le palmea a un sordomudo, y continuó por la puerta, impasible, hacia su rutinario destino.

Mientras desaparecía se oyó a un sordomudo apostillar emocionado:

-"Habrá que hacer.... una historieta de esto, ¿vale?"

miércoles, diciembre 13, 2006

Qué hay de lo mio

-Mire usted, fue un golpe militar. Ya se supone que esto tiene siempre aspectos violentos. Fue para dejar su tierra mejor de lo que la encontró. Quién no haya cometido algún exceso que conecte el primer electrodo, o aplique la primera bañera. Tirar la primera piedra deja marca.

El ilustre senador de la democracia secó el sudor de su frente y bebió agua. Llevaba algunos años con faringitis crónica. Producto del servicio público. Y de la razón a gritos. También de que mentiras y amenazas dejan una vibración culpable en las cuerdas. En las vocales. Un eco interno sordo, de gritos apagados. Gritos consonantes.

Se concentro en pensar mientras hablaba. Aceleró su verbo. Engulló palabras y terminaciones. Balbuceo fórmulas memorizadas. Lugares comunes, honras de funeral que acostumbraba a vaciar de contenido. Paz y respeto a los muertos. Progreso, justicia y democracia. Simultaneó su monólogo externo con un breve dialogo sincero con su propio miedo.

Pensó en sus términos. En sus habituales "Don Manuél, ¿qué hay de lo mio?". Miró de frente su propio funeral, con honores implícitos de ex-ministro de gobernación del régimen. Ex-firmante de condenas convenidas, de órdenes de abrir fuego contra personas armadas de razón.... Y respiró tranquilo. Amnistiar la desmemoria es, después de todo, la mejor fuente de históricos epitafios.

jueves, noviembre 16, 2006

Un poco más alto que el resto.

Eres un poco más alto que el resto. Ojos marrones claros. Poco pelo y mucha sonrisa. Las manos largas e inquietas. Te escucho disimuladamente. Hablas despacio. Saboreando cada palabra. Me acerco.

- Hola. Te he visto en el bar de antes. Llevamos tres rondas coincidiendo.
- Si... Yo también me he fijado - respondes.
- Estoy de poteo con los del trabajo. Un poco compromiso. ¿Tu?
- Je.... He coincidido con gente que hace años que no veía... ¿Cómo te llamas? - preguntas
- Ander. Soy Ander. Y me llaman... Ander... claro. ¡Qué chorrada acabo de decir!
- Yo soy Jairo. Justo como me llaman. Jairo - ríes
- Bo!. Nada. Que nos vemos en el siguiente... ¿Os quedáis por aquí?
- Estos se retiran ya. Yo igual me tomo otra. -
esperas
- Yo estoy a punto de escaquearme de este grupo....¿te vienes?
- Si. Te sigo.

Despedida y salgo apresurado. Se que te llevo detrás. ¿Me sigues?. Vale. Acelero el paso calle abajo. Miro y sonríes expectante. Comienza el juego.

Giro brusco frente a un coche rojo aparcado al final del Cantón de la Soledad. Me escondo. Te carcajeas mientras saltas a verme. A buscarme. A intentar tocarme. ¿A que no me pillas?. Caracoleo entre personas. Unas con bufanda, otras con carrito, otras en bici y compañía. Me sigues sin acabar de atraparme. A ritmo. A que llegue.

-¡Casa!
- Ya...
-¿Subes?
- Si

Me miras entretenido, y yo te quito el gabán beige. Me dices que beige es el color del universo. La suma de las luces de las doscientas mil galaxias que componen el cosmos. Y yo te desabrocho la camisa. Color blanca, mientras acaricio tu pecho. Enciendo los grifos del baño y vierto sales perfumadas. Para ponerte dentro. Me arrodillo a tu lado mientras desapareces en la espuma. Te baño los ojos y los labios, cada comisura del cuello. Resbalo por tu espalda con mis manos esponja. Suavemente no me detengo. Recorro tus pies, tobillos y rodillas. El fémur, la cadera y el sacro, su homónimo opuesto. Me entretengo remolón en la pelvis y rodeo en ascenso sin pudor tu pene ahora erecto. Un pasaje completo hasta tu yo desnudo y mojado. Un pasaje que llega a su fin en la gran toalla que ahora te cubre. En la toalla con la que te seco. Cada pliegue, cada poro, cada pequeño afán cutáneo de tu cuerpo entregado.

Me miras complacido y regalado. Complacido y agotado.

-¿Vienes a la cama?
- Si. Es tarde. Estoy reventado.
- ¿Cómo hacemos lo de mañana?
- No se....yo me encargo de los pasteles. Ya sabes, ella seguramente haga una de sus tartas.
- Vale...Yo tendré que ir a comprarte algo. Ya estoy aburrido de la retaila de todos los años. ""Parece mentira que seas tan poco detallista hijo mio. ¿Tampoco este año le regalas nada a tu hermano?""

Hace ya un año que estoy por aquí. Gracias por la compañía.
Eskerrik asko guztioi

jueves, noviembre 02, 2006

Esperanza, latón y polvo ocre

Está casi anocheciendo. Cruzo el cauce del río, arenoso y sediento. Es invierno austral. Invierno de rio seco. Se escuchan pájaros de tarde junto al marula desnudo que marca la entrada al pueblo. También se escucha un jadeo. Es Jurgen. Jurgen boca arriba. Jurgen cabello negro y bigote ancho. Jurgen empolvado color ocre suelo. Jadea acompasado. Y Katerina encima. Sonrío breve y me aparto. No quiero que piensen que espío.

Fueron casi nueve meses buscando. Doscientos setenta días sin respuesta. Y al final se nos acabó el tiempo. No conseguimos un sólo ingeniero de aguas en todo Sudáfrica. Ninguno que quisiera trabajar tan lejos de todo. Nadie que, además de vivir en el bosque del norte, lo hiciera por no demasiado dinero.

-Pues si no hay aquí dentro, alguno habrá ahí fuera- dijo Tinhiko Khosa, la administradora y adjunta al director.

Y hubo uno. Se llamaba Jurgen Swager. Alemán del este. Cara blanca y sonrisa cuadrada. Aceptó con muy pocas palabras. Todas las que sabía en ingles. Había trabajado en Kenia y en Tanzania. Sala, su mujer tanzana, y su perro Klaus vendrían con él. Ponía muy pocas condiciones: un lugar para vivir y una valla alrededor de su casa para que Klaus no corriera tras las gacelas, los facoteros o las jirafas. Pero hubo una más:

- No iré sin mi coche. Mi coche viene conmigo. Trabajo con mi coche. Está en Alemania.

Tratamos de convencerle. Durante varios minutos. Le ofrecimos un todo terreno a cuenta de la organizació. Duro y apto para las carreteras locales, de tierra y arena. Y dijo que era un hombre de palabra, y de idea firme. Su palabra: no. Su idea firme: nunca cambio de opinión cuando tengo una opinión.

Shakta Kwgedi, el director financiero, dijo que deberíamos pensarlo. Que traer el coche desde Alemania costaría muy caro. Que habría que fletarlo en un contenedor y mandarlo por barco hasta Ciudad del Cabo. Después conducirlo dos mil doscientos kilómetros por carretera hasta el pueblo. Dijo que habría que hacer cuentas y calcular la rentabilidad de la operación. Después dijo que algo había oído él a cerca de lo cabezotas que son los alemanes. Y para cuando acabo de decir todo esto, Jurgen hacía rato que había firmado el contrato.

Fueron casi nueve meses imaginando. Doscientos setenta días de larga espera. Por el pueblo corrían más de seis versiones diferentes sobre cómo era el coche. Circulaban varios bocetos a lápiz de su diseño aerodinámico y su ingeniería alemana. Todas nacían de las parcas descripciones que ofrecía Jurgen. Nada de Shangaan, poco ingles y menos gestos. Karl, amigo de Jurgen y autoproclamado mecánico sincrético del pueblo, se jactaba de poder dibujar con un palo en el suelo, el frente y alzado de la máquina. También apostaba doble contra sencillo al nivel de parecido con la realidad.

Mientras esperaba su coche, Jurgen sonreía inquieto y acumulaba cantidades inmensas de opiniones que nunca cambiaba. Y también un armario lleno de malentendidos. Él siempre decía que era ingeniero y no licenciado en habilidades sociales. Pegson Mokoena, el encargado de mantenimiento, le preguntó una vez si en la universidad de Alemania, donde quiera que eso estuviera, no daban clases sobre cómo hacer amigos.

Y llegó el día. Estaba casi anocheciendo. Un gran camión con remolque cruzó el cauce del río, arenoso y sediento. Era invierno austral. Invierno de río seco. Gentes del nuestro y otros pueblos se apelotonaban curiosos para ver el ingenio alemán del ingeniero. El conductor del camión levantó la lona protectora entre hipos y grititos.....

Era un coche....cuadrado. Totalmente cuadrado. Como el que dibujaría con tiza un niño de seis años. Marrón y chato. Tenía dos puertas, asientos de escai plastificado. Faros cuadrados. El volante estaba a la izquierda. Tremendamente exótico para un país acostumbrado a circular también por la izquierda. Alguien hizo el primer comentario afro-jocoso. Fue sobre la depurada ingeniería inversa alemana. Jurgen correteaba nervioso asegurándose de que el carro no había sufrido ningún desperfecto. Finalmente cogió la llave, subió, se acomodó en el asiento del piloto y encendió el contacto. Un largo brrrrrrrrmmm apagado ocultó la carcajada general que se quedó meses colgando de cada rama. Después un puff, puff, puff, puff , y ya nunca más nada.

Katerina nunca anduvo un sólo metro. Jurgen juró que la haría arrancar. Cada tarde se metía bajo ella a trabajaba largas horas. Todavía hoy, cuatro años después, suspira algunas tardes bajo su polvorienta amiga. Yo, a veces, le llevo una cerveza y le dejo que me cuente, una vez más, cómo esperó más de nueve años para que el gobierno de la antigua RDA le adjudicara el coche; cómo su mecánica es simple pero segura; y cómo él nunca irá a ningún lugar sin que le acompañe su esperanza cuadrada, forrada de latón marron y polvo ocre.

lunes, octubre 30, 2006

Mi Mad Mad me Meme

Me llegó un Meme de Mad.
Sí. Sí hay un músico memerable en mi vida.
Por todo estos años,
memerece:
Georgie Dann

1.- ¿Eres hombre o mujer? La barbacoa
2.- Descríbete: Malo pa la salud
3.- ¿Qué sienten las personas acerca de ti? Mi cafetal
4.- ¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental? Ay caray!
5.- Describe tu actual relación con tu pareja: El negro no puede
6.- ¿Dónde quisieras estar ahora? Carnaval Carnaval
7.- ¿Cómo eres respecto al amor? Cachete, pechito
8. ¿Qué pedirías si tuvieras un solo deseo? Acariciame
9. Escribe una cita o frase sabia: Por qué un pijama
10. Ahora despídete: Dale Dale

Dale Dale

jueves, octubre 19, 2006

Sonrió

Sonrió. Estaba tan cansado que decidió acostarse un rato. Un rato largo. Un rato tan largo que a cualquier observador impaciente le pareciese, al menos, una eternidad. Era temprano. Olía a luz y calor. Pero él tenía frío. Así que decidió tumbarse con su txapela. Llevaba boina desde hacía, por lo menos, otra eternidad.

Sonrió. Como hacía casi siempre. Como antes y después de casi todo. Pensó en su boina de paño y en el día en que salió del hospital. Hacía ya 60 años. Recordó el olor de la llegada. El olor al despertarse del sedante que le inyectaron en el manicomio. Recordó el olor de la salida, seis años después. Y el calor de su boina. La boina que tapaba el agujero de trépano en su cabeza. Recordó la mano del cirujano. Su estrecharla firme. Su sonrisa ansiosa y el agradecimiento por la operación. Lobotomía prefrontal. Único superviviente de un experimento múltiple con enfermos mentales. Salía extirpado y con la bicha que le acosaba desde el final de la guerra.

Nunca más pudo trabajar, ni entender ninguna obligación. Sólo sonreír. Y querer a esposa y cinco hijas sanas. Y luego muchos nietos. Y biznietos. Y ya nunca más la necesidad de escapar de nada. Ni de su propia risa. Se movió inquieto en la cama. Notó las piernas hinchadas y cerro los ojos.

Canturreó. Canturreó su canción de noche. Canturreaba horas y horas. Era su trampa urdida durante años. El señuelo infalible para el sueño esquivo. Oyó a su hija murmurar que no empezara otra vez. Oyó a su yerno decir que no se dice "catarrera", que es carretera. Sonrió. Recordó aquella catarrera por la que caminó. Con el fusil al hombro. Recordó caminar entre aviones negros. Y aunque ahora, con su lobotomía a cuestas se rieran de él, siempre supo que los aviones negros son los peores.

Caminó. Desde el frente del Ebro hasta casa. Caminó desde que supo que su padre había muerto, que su madre estaba sola y enferma. Que era tiempo de cosecha. Caminó aunque su compañero le gritó que no desertara. Sonrió. Un campesino no deserta nunca de su tierra. Ni de su madre Gregoria, su tatuaje en el antebrazo. Lo arrestaron meses después. La guardia civil por esconder un fusil. La policía militar por abandonar el frente. El médico militar por su loca cabeza superviviente.

Sonrió. Se le estaba enfriando el pecho. Canturreó y cerro los ojos. LLegaba el sueño. Estaba tan cansado que decidió dormir un rato largo. Tan largo que a cualquier observador impaciente le pareciera una eternidad .

Duerme bien, abuelo.
Sonríe, canturrea,
y dale seguido por la catarrera.

A mi abuelo Adrián.
5 Marzo 1916 - 18 Octubre 2006

lunes, octubre 09, 2006

Rapapolvo

¡¡Ala!!!
Ya le han crecido arañitas mofonas.
Y han tejido sus esqueletos de sonrisas en las esquinas.
Cada cuadrito de seda encierra un segundo vacío,
cada capullo atrapado quizá varias horas de espera.

Ya se acumulan montoncitos de polvo, la caspa del tiempo,
en la cabeza de las letras.
Hay un corta-pichas reptando entre ideas viejas,
y gusanos de seda mariposeando por la sexta reencarnación,
borrachitos de licor de morera.

Esta cabecita crealugares deshabitados
se merece un rapapolvo.
Y he empezando a poner de mi parte.

Ayer visité a Severino.
Es el señor antiguo que siempre encontró remedio a los desmelenes de mi padre, y mucho antes a los de mi abuelo. Ninguno de los dos tenía ni un pelo de tonto. Para eso estaban Severino y sus sólidas razones de doble filo.
Trabajo fino.

Ayer llegué:
- ¡Hombre! ¡Cuánto tiempo! Vaya horitas de venir a verme. ¿Qué, que hacemos? - Severino sonriente
- Severino, ¡RAPA!- Yo monosilábico y severo

Ahora que aunque tardón tengo la mitad del trabajo hecho.....
¿Alguien que me quiera echar un POLVO?

jueves, septiembre 21, 2006

Izarren adurra (saliva de estrellas)

-¡¡Seguro que es tan tarde!! Porque está muy oscuro. ¿A que sí aita (papá)?
- Aita, ¿y nos podemos quedar a dormir aquí? Sin manta, ¿vale?
-Aita, yo me siento en el suelo ¿vale?. Está calentito. Y no hay hormigas.

- Hay estrellas. Hay mil. ¿A que sí, aita?
- Aita, ¿cómo se hace un cohete? Yo quiero un cohete para ir a las estrellas. Has estado tú en un cohete? ¿Y en las estrellas?
- Aita...¿Y quién vive en esa estrella roja de ahí? ¡¡Aita, jo, deja ya a Miren!. ¡Mírame aita!. En esa roja de ahí.
- Miren no entiende, ¿a que no aita?. Porque es pequeña y todavía no tiene años. Y yo tengo éstos, ¿a que sí, aita?. ¿A que ya no soy pequeño? ¿A que soy mediano, aita?... Aunque todavía no puedo conducir cohetes.
- Aita, ¿y los cohetes se chocan con los meteoritos?
- Son tan brillantes las estrellas... son muy preciosas, ¿a que sí?
- Aita, ¿qué es más precioso una estrella o un tesoro de los piratas?
....................................
- Aita, cuando me suba a las estrellas te bajo una. Para ti.
- Y también le bajo una a Ama. Para su casa.

-¿Y a tu hermana Miren no le vas a bajar una?

- Si ya, total para qué, ¡para que la chupe!

A Gladys, Pablo y Nerea

martes, septiembre 12, 2006

Ojos vidriosos

Hay un vendedor de perdones en la calle de los quioscos.
Tiene la cara tiesa dura, y el pelo graso lacio.
No le penetran las razones punzantes, y le resbalan los vicios culpables
Abre a media mañana y se sienta en su silla balancín,
a esperar que lleguen los primeros arrepentidos.

Son fijos los diarios del remordimiento,
buscando perdones vistosos y con pocas páginas.
De usar rápido y tirar. De portada y resumen.

Después del aperitivo llegan los coleccionistas de perdones por fascículos,
perdones de ayer y de hoy con sus cajitas contenedoras a juego.
Perdones de tener todos y exponer. De vitrina y polvo.

Están también los de los perdones reciclables de múltiples usos,
los religiosos y facilitadores de perdones grupales,
los perdonavidas profesionales a por perdones de alta carga,
y los promiscuos y aprensivos en busca de perdón seguro.

Últimamente llegan bastantes a por perdones de este siglo,
con muchas palabras vacías y con espejito sonriente,
ediciones especiales para el autoperdón.

Y es al anochecer que llegan los del perdón impúdico.
Estos quieren perdones desnudos y lascivos,
perdones de posturas imposibles, para intercambiar,
para mirar, para revolver tripas y conciencias,
para agitar el deseo de tener más de uno.

Hoy me he acercado a su quiosco con los ojos vidriosos,
buscando un "perdón no se qué", blando pero arrojadizo.
Me he acercado tanto a su cara tiesa dura, a su pelo graso lacio,
que sólo ha tenido que susurrarme:
- Siéntate en esa silla y espera
- ¿Esperar a qué? - angustiado porque alguien me viera
- A que pasen las horas de la añoranza y te lleguen las de saber que cara tiene tu jodido perdón - ha respondido sin mirarme.

lunes, agosto 21, 2006

Te digo. Un retrato

Hola. Me gusta mirarte.
Hace que no te veo. Y esa foto que me regalaste está tan seca...

Vengo a hacerte un retrato.

Primero la trama del fondo. Las lineas que me han traido hasta ti. Las rectas y las perpendiculares. Los meridianos y los paralelos del mundo que te conozco. Mira ésta que llega desde el otro lado del océano. Mira que trazo ancho me ha salido. Es por apretar el tiempo. ¿Y esa? ¡Vaya! Pocas veces me salen tan rectas. Es porque ésta la tiré sin pensarte. Como....como un deseo directo. Sí eso, sin curvas, sin espera que no se como decirte esto. No, no importa que te muevas. Cámbia de posición si estás incómoda. Las dibujo para verte más fácil. Son todas mías. No. No pueden sujetarte.

A ver.... Ahora ya. Si no te importa empiezo....por la raíces. Voy a mezclar colores. Ocre Addis Abeba, mar Uribe Kosta, fuego Mayarí.... y un lienzo blanco frio. Ahora mirarte tal como me llegas. El olor oscuro en espirales sobre tus hombros abiertos. Negro. Brotando sin permiso ni duda. Suelto hasta el más absoluto de los enredos. La extensión recién nacida del alma. Te ries... Sabes que me hipnotiza verte nacer.

Bien.... Voy con la intención. Dulce. Tan dulce que se te llenan los sueños de hormigas. También frágil y temblorosa. La voy a pintar como cuando me la cuentas. Una intención color...flan. Tan pendiente de entregas incondicionales, como de leche materna. Tan cubierta de azucar quemado por el sol de los días de ¿hoy qué comemos?, de los de a veces no se si quiero desaparecer.

Bueno... ya casi está. Sólo queda lo que dicen es lo más complejo de un retrato. Lo intento de un trazo. Pintarte la voz sin que quede atrapada. Sin que se pierda ni un sólo matiz entre los labios. Hacer que la boca dibuje toda tu música. Que recoja el espacio sinfónico entre las sílabas. Pintar el sonido mágico de cantarme a capela más de mil canciones.

sábado, julio 08, 2006

Barajas

Trànsito entre dos puntos terminales.
Terminal 4 meses de locura.
Mientras dejo atras sus edificios recientes, sus gentes entre despistadas y cabreadas y demasiadas maletas llenas de razones sin entregar, se me cruza una lagartija urbana a la que todo esto le importa un rabito.
¿Algun interpretador de cruces de lagartijas en terminales?
Terminal 1 mes de otra cosa linda
Al fondo se ven ya las luces de mi Malecòn. Y tambièn hay un hombrecillo con pantalones cortos que es clavadito a mis promesa de volver.
¿Algùn interpretador de recurrencias anuales?
Y ahora sòlo queda entregarme a tu rapto.
Dispuesto a que me abduzcas otro poquito, una vez màs, querida Habana.

Pd: ¿Algùn animador/a de cafeterìa en terminal 1?

miércoles, junio 28, 2006

Una mirada y un botón

No digo que tú y yo nos entendamos,
sólo digo que tú, a veces, me miras bien.
Y lo digo porque te veo mirar centrado,
ni por encima del hombro releyendo deseos
ni perdida en el escote de mis excesos verbales.

No digo que tú y yo ójala nos desnudemos,
sólo digo que tú, a veces, me vistes mucho.
Y lo digo por el traje ignífugo de tus besos de adiós,
ni cubiertos pudorosos por vergüenza de unos labios,
ni desnudos de intenciones de abrigar esperanza.

Ni siquiera digo que tú y yo alguna vez.
Sólo digo que tú siempre que quieras.
Y lo digo por si encuentras un botón rojo perdido en tus manos,
que ni me busques urgente para coserlo a la piel,
ni lo apiles descuidado en el cajón de los botones de devolver.

jueves, junio 08, 2006

Sabor, saber y jodedera

Es 26 de Julio en Santa Clara. Se respira un calor tan exquisito, que el aire sabe dulzón. Dos guajiros saborean su habano en un banco de madera, en la plaza, a la sombra de un plátano. Amenaza tormenta. Nada se mueve mientras me acerco.

-Compadre, ¿saben ustedes de alguna guagua para Matanzas? -pregunto sin empujar las sílabas.
-Humm....no es fácil. Hoy es 26. Todo el mundo está en el mausoleo del Che. Con Fidel -Responde el guajiro vestido con mono azul. Tiene unos sesenta y cinco años y entredientes tintados de tabaco puro
-Vengo de allá. Parece que se suspende el discurso de Fidel. Por la tormenta que llega del norte. - apunto mientras me siento a su lado
-Ahhh....no es fácil....aquí tremendas tormentas que nos llegan del norte. Y tremenda lluvia del oeste -ríen a carcajadas. A compás.
- ¿Gallego? - afirma el segundo guajiro entre interrogaciones.
- Vasco - respondo en versión contestador automático

El segundo guajiro viste guayabera azul y pantalón gris de tergal. Se coloca el sombrero de paja y me explica que él tiene familia en Bilbao. Aguirre. Y que su bisabuelo llegó a Cuba y se encandiló de una prieta (negra) de Santiago. Reímos. Le explico que es ya el sexto Aguirre que encuentro. Y su respectiva prieta. Reímos. Y baila la brisa anunciadora. Aguadora.

-¡Pinche jodedor, el gallego es candela ¡Le gusta la jodedera!. No está de paso en Cuba- entre dientes y carcajadas, el primero
-Llevo un tiempo por aquí. Trabajando. En Guira de Melena, al sur de la Habana. -explico adelantando la pregunta

Los dos guajiros me cuentan ahora. El segundo siempre ha trabajado en el campo, en la zafra de caña, en un Central Azucarero en Sancti Espíritu. El primero es músico. Durante años tocó la guitarra en Varadero, en hoteles de turistas. A estas alturas, a los dos les ha llegado la jubilación, y a los tres una botella de ron blanco. Bebemos sin prisa, esperando que no llegue la guagua. Y entre cuento y cuento nos vamos confesando. Y pasa la tarde, y tampoco llega el agua.

- Y tú que has viajado por ahí, y puedes comparar entre mundos, cómo dirías que está de desarrollada Cuba....comparada con otros países latinoamericanos- pregunta el jubilado de músico.
- ¡Oye chico, qué cosa más grande caballero! ¿Qué pregunta es esa que le haces? - increpa el segundo, zafreño azucarero en el Espíritu Santo
- ¿Cómo? ¿Que no puedo preguntar si me interesa?- el primero, encañonándonos con roncito y puro.
- ¡No me estés arriba de la bola, comemierda! Claro que puedes, asere. Vives en un país libre cual solamente puede ser libre, qué bolá. Pregunta, pero pregunta bien. Tendrás que decir al menos con qué mides desarrollo ¿no?. ¿Le hablas al gallego del nivel de ingresos, del nivel de alfabetización, del acceso a la educación, de oportunidades, o de que le hablas? - el campesino guajiro azucarero mientras nos sirve razón copada de ron cubano.

jueves, mayo 18, 2006

Letras rojas

Mikel era el padre. Él sostenía el libro.
Alaitz estaba sentada a la izquierda y Aner a la derecha... del padre
El libro tenía letras muy grandes y dibujos muy pequeños. Era un libro de ver y leer.
Aner había dicho que aquel era un libro muy importante.

-Aita, este es un libro muy importante. Tiene letras rojas. ¿Pone mi nombre?

Alaitz miraba fijamente al suelo. El suelo era de cuadritos de madera. Había un cuadrito que tenía un raja, y en la raja una hormiga. A Alaitz le gustaba el libro porque daba aire.

-Aita, este es un libro muy importante. Cuando pasas las hojas da aire.

El padre leía declamando todas las letras sin descanso. También las rojas.
El padre leía reclamando toda la atención sin descanso. También pasaba las hojas.

-Mikel, lleváis ya tres horas. Deja un rato a los críos. Ya aprenderán
-Van retrasados. No quiero que digan que los hijos del padre no pueden seguir al resto.
-Pero míralos. Están agotados. Ya querrán hacerlo algún día.... Míralos, tienen los ojos rojos.
-Claro. Claro que tienen los ojos rojos. Llevo un mes trabajando este libro. Y hoy ya están a punto de romper a.....leer.

martes, abril 25, 2006

Surrealismo y alargaderas

- Hemos quedado a las seis y media. Venite y hacés un poco de percu... - dice con las cejas afeitadas.
- Imagínate que lo que llevás es un cajón flamenco. Eso es lo que es... Pero lo que agarrás son cuatro placas de texturas que se funden en los cantos. Asimétricas al tacto. Y un círculo en la espalda de una de las placas que escupe sonido. Que canta a golpes. Vos sos el pulso de su vida vocal. - dice con pelo negro escarola.
- Anímate. Hay un megáfono. Yo llevo unos textos surrealistas. Con muchas letras que pintan cosas. Y los leo a quien pase. O que me los lean. La que pase. - insiste en una sonrisa sin afeitar y en bombacho con el tiro tobillero.
- Va a ser lindo. En el centro de la calle. Nerea viene disfrazada de. Y va a bailar. LLevamos un ampli negro que funciona. - pendula descalzo y saltarín con pies alternos
- Llegarán zancudos y malabaristas. Luego, en procesión, nos movemos hacia lo viejo. Y tocamos samba con los brasileiros. Quiero que estés.- susurra, con la cabeza semi inclinada por el peso del gusto al pedir, y sirviendo ganas en bandejitas con sies de chocolate.

Son las siete menos veinticinco. La tarde es invernal menos dos. Oscurece en la arteria central de la ciudad de sequedades. Espero, brevemente acompañado, en un banco cercano.

Llegan a lo lejos. Son tres que caminan separados ocupando calle. Ella viene disfrazada de. Y trae un megáfono. El llega descalzo, con bombacho de tiro tobillero, el pelo escarola, la sonrisa que brinda sies de chocolate y penduleando con un candomble (tambor uruguayo) en una mano y un ampli negro que funciona en la otra. Hay un tercero con cara de nada y abrigo hasta los pies. Trae dos libros grandes y paginosos.

Me besan con ganas. Me abrazan con presencia y van extendiendo el material por la calle. Sin orden, ocupando el máximo espacio posible. La gente camina esquivosa. Tratando de no relacionar su paso con nada, pero enredándose entre nuestras miradas y los hilos invisibles que dan forma al gigantesco escenario.

- ¿Como estás?. Va a ser bueno. Mira, traigo el ampli. ¿Creés que alguien en la calle me dejará enchufarme? No tengo alargadera. Pero pido. - asiente en semipregunta convencida.

Espero fuera mientras camina hacia la boutique de la esquina. Las puertas de cristal y las luces del escaparate iluminan el desconcierto de la dependienta. Ella vende complementos de piel y abrigos de lujo. El da saltitos mientras habla, con un ampli negro en la mano. Ambos gesticulan amables. Ella hace muecas sin parar.

Vuelve penduleando y sonriendo. Que no tenía alargadera. Que muy simpática. Que si puede se pasa a mirarnos. Que sigo preguntando. Que lo intento en la tienda de trajes de boda esa. Que qué frío ¿no?. Que porqué no tocamos algo o leemos algo surrealista mientras tanto. Le digo que me voy a tomar un café calentito. No le digo nada sobre el frío seco de la vergüenza ajena. Sonrío

Regreso un rato después, con el asombro descongelado y la vergüenza abrigada. Hay casi cien personas formando un corro enorme en el centro de la calle. Una alargadera largísima enchufa el ampli a una cadena de ropa de lujo. El hilo blanco sale de la puerta principal, entre el trasiego de tacones indiferentes. Un señor con barbas y gorra negra de lana, de estibador, toca desafinado el bajo eléctrico. Cara de nada lee poesías. Nerea baila de. Él toca candomble a lo suyo. Me ve apilarme con los curiosos y, manteniendo el ritmo con una mano, agarra el megáfono con la otra y me dice al oído:

-Maestro, arráncate al cajón que hoy la liamos

miércoles, abril 12, 2006

Alquimia

Llevo mucho probando.
He puesto a macerar fragancias apestosas con "adestiempos" y aburrimiento
He mezclado raspaduras de rechazo fresco y gotitas de ojera
He hervido miradas limón con pétalos marchitos de flor del horror
He recogido pelo de silencio y rocío lagrimoso de hastío e incomunicación
He destilado carencias profundas en botecitos con mordazas impuestas
He oficiado sacrificios con lo que queda tras tu sonrisa eterna
He cosido collages de seres perfectos que te hagan de espejo

Y no consigo dar con la fórmula adecuada
Y ya no se si lo que falla es el conjuro
o es que falla la intención.

¿Como puedo dejar de desearte sin herir de muerte el deseo?

lunes, marzo 27, 2006

Sequedades

Yo vivo donde me ocurre todo lo cercano. Convivo con todo "lo local", y con las gentes que lo construyen. Y entre las costuras que me tejen a lo cotidiano hay al menos tres hilos de percepciones:
- Lo que cuentan las visitas guiadas: el casco histórico, sus palacios, catedrales y su disposición medieval.
- Lo que valoran las visitas guiadas: el orden y la planificación, los servicios y sus zonas verdes, su excelencia ambiental y su alta calidad de vida.
- Lo que sólo aquí me atrevo a confesar: el hedor rancio que exhala y un fondo persistente de sequedad.

Lo rancio persiste invisible en el pasado acumulado. Son montoncitos de tiempo que pisas sin percatarte. Son baldosas de acuartelamiento militar y sede episcopal. Son calles con personas que pasean en ropa de domingo. Son miradas acartonadas que juzgan, insolentes, todo lo nuevo. Son terruños de protocolo tradicional que opinan. Sin que nadie les pregunte. Son hechuras que respiran sequedad. La del agua estancada. La de los museos de cera. La del frío que se queda.

En la rancia ciudad de sequedades hay un humedal. Frente a mi nuevo balcón. Los patos cuchara, las fochas y los ánades azulones anidan en sus tardes. Hay también una comunidad de escarabajos carábidos y varias libélulas amenazadas. Sus nombres no los cito por obvios motivos. En el sotobosque de un solitario robledal se esconde varios galápagos autóctonos y alguna "rana ágil". Ni asi consiguen escapar al peligro de extinción.

El humedal es también un oasis en las rutas migratorias. Ofrece tranquilidad y mucha comida a nómadas con alas. A nómadas sin papeles, sin país, sin ganas de tenerlo, sin necesidad de defenderlo. Algunos se quedan a pasar el invierno e incluso eligen estas lagunas para criar. Se de algún carricerín cejudo, varias garzas imperiales, dos o tres cercetas carretonas, un simpático avetorillo común y muchas espátulas que han pasado largas temporadas. Con algunos he compartido cafés y tardes de escucha. Aunque sólo nos veamos de lejos. En la cercanía del silencio y el oír cantar.